Marc Jacobs
Marc Jacobs en la playa con su pareja. GTres

Bob Esponja, la niña de Poltergeist frente al televisor, el muñequito rojo de los M&M's, un sofá, Elizabeth Taylor con gafas 3D y caracterizada como Martha en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, dos perritos juntando su nariz, una caricatura de South Park, otra de Los Simpson, la palabra shameless (sinvergüenza), la palabra perfect, dos logos de la revista porno OUI, estrellas de todos los colores y algún que otro corazoncito. ¿Qué tienen en común los elementos de esta disparatada lista? Que son habitantes de la bronceada piel del diseñador estadounidense Marc Jacobs, un total de 33 tatuajes, 26 de los cuales se los hizo en un solo año.

Aunque parezca mentira, toda esta amalgama tiene sentido para él: el muñeco de M&M's se lo tatuó porque quería tener su propia inicial, pero "en el contexto de algo verdaderamente estúpido"; en el brazo izquierdo tiene tatuada la frase Bros before hos, que significa "hermanos antes que las putas", un credo de lealtad entre hombres o, como Jacobs dice, "amigos antes que un pedazo de culo"; la palabra perfect es algo que le inspiró su estancia en un centro de rehabilitación (en 1999 y 2007, por abuso de alcohol y cocaína) y que le da confianza en sí mismo.

Estoy realmente feliz con lo que veo cuando me miro al espejo

Inventor de la moda grunge y enfant terrible de Louis Vuitton, casa para la que trabaja como director creativo desde 1996, consiguió que la firma francesa cuadruplicara sus beneficios en solo una década. Así que Marc Jacobs es mucho más que un excéntrico que viste faldas o vestidos tipo polo de color rosa. En 2010 entró en la lista de las personas más influyentes del mundo de la revista Time, y también ocupa el puesto número 12 de la lista de los 50 gays más poderosos de América.

Su padre, un agente teatral de Nueva York, murió cuando él tenía 7 años. Su madre, que se casó 3 veces, estaba "mentalmente enferma" y "no cuidaba de sus hijos", llegó a contar el modisto. Ella aún vive, pero Marc no tiene ningún contacto con ella, y tampoco ha hablado en años con sus hermanos -un chico y una chica-, algo que no le pesa, asegura. Se crió con su abuela materna en un exclusivo apartamento del edificio Majestic en Central Park West. Enseguida focalizó sus estudios en el diseño y, siendo adolescente, pasaba toda la noche en el mítico Studio 54 con sus libros en la mano para ir derecho a clase. Cumplió su sueño de viajar a Francia a los 17 y asegura que lloró "como un niño" a la vuelta, seguro de que terminaría convirtiéndose en un parisino más.

Cuando viajó a París su aspecto era muy diferente del actual. Marc Jacobs pasó de ser un joven judío gordito, con pelo largo y gafas de empollón a convertirse en un adonis de torso esculpido y bíceps poderosos. Sin duda, Marc se gusta a sí mismo, y mucho. "Estoy realmente feliz con lo que veo cuando me miro al espejo", asegura sin tapujos.

La gran contradicción: pese a su culto al cuerpo, Marc fuma como un carretero. Vive a caballo entre Nueva York y París y sus casas en ambas ciudades tienen dos cosas en común: una colección impresionante de arte moderno y... muchos, muchos ceniceros. "Fumo mucho", reconoce el diseñador.

Marc nunca ha ocultado su homosexualidad, más bien lo contrario. Incluso en 2009 diseñó una camiseta que pedía la legalización del matrimonio homosexual. Hace pocas semanas le veíamos luciendo palmito en la playa con su bolso de Hermès y su última conquista: el actor porno Harry Louis, con quien celebró su 49 cumpleaños.

Marc ha tenido dos relaciones estables: una de 4 años con el comercial Jason Preston, 17 años más joven que él, que fue prostituto y cuya relación terminó a finales de 2008; después llegó a su vida un ejecutivo de publicidad brasileño y muy atractivo, llamado Lorenzo Martone, con el que hubo rumores de boda. Pero rompieron en mayo de 2010. Unos meses después conoció a Harry Louis, su última conquista. ¿Y qué tienen en común Louis, Preston y Maronte? Que todos están tan macizos como él.

"Me paso horas en el cuarto de baño, antes solo empleaba cinco minutos. Me gusta ducharme, enjabonar mi pelo, extender la crema hidratante... Me gusta hacerme la manicura y la pedicura. Me gusta llevar joyas... Todas esas cosas que solía pensar que no eran para mí", explicaba recientemente Marc Jacobs en una entrevista al Daily Telegraph. Y añadía: "Entonces descubrí que sí, que importa. Todo eso me hace sentir bien".