La Fiscalía de Sevilla ha mantenido este martes su petición de 25 años de cárcel por un delito de asesinato para Antonio Gordillo, el joven acusado de la muerte de la norteamericana Laura Cerna en agosto de 2010, y ha asegurado que el crimen, que ha tachado de "carnicería", se produjo en el cuarto de baño de la vivienda del imputado estando la víctima inconsciente y tumbada y sin que ésta pudiera, por tanto, defenderse para tratar de impedir las puñaladas mortales.

Durante la última sesión del juicio con jurado popular que se está celebrando en la Audiencia Provincial, el Ministerio Público ha mantenido su petición inicial de pena por un delito de asesinato, descartando tanto la agresión sexual como el delito de profanación de cadáveres, mientras que la acusación particular que ejercen los padres y el hijo de Laura ha retirado la acusación de agresión sexual, manteniendo su petición de 25 años de prisión por el delito de asesinato y cinco meses por profanación de cadáveres.

De su lado, la acusación particular que ejerce el marido de la víctima ha ratificado su solicitud de 25 años de cárcel por el delito de asesinato y cinco meses por la profanación de cadáveres, mientras que la defensa del encartado únicamente admite este último delito y pide su absolución por el resto.

Durante su intervención, el fiscal ha introducido algunas modificaciones respecto a su escrito de acusación, donde mantenía que Laura fue trasladada ya muerta al cuarto de baño y que, por tanto, las puñaladas las recibió previamente y en el marco de una discusión cuyo origen se desconoce, aunque ha dicho tener el convencimiento personal de que el acusado quiso mantener relaciones sexuales y, ante la negativa de la víctima, cometió el crimen.

El fiscal ha considerado probado que Laura estuvo en la noche del día de los hechos con su hijo y la novia de éste en Triana y en un bar de la calle Betis, donde consumió cuatro cervezas, y a continuación, como el alcohol no le había afectado y se encontraba en condiciones para ello, cogió una bicicleta pública para trasladarse hasta su domicilio. "Hasta ese momento no había consumido droga, porque no era consumidora habitual", ha apostillado.

"charló con el que no debía"

Cuando llega cerca de su domicilio, decide tomarse una copa en un bar de la calle Felipe II, lugar en el que "contacta" con Antonio Gordillo, al que "no conocía de nada", un encuentro que se explica, según el fiscal, porque Laura Cerna "era una persona muy abierta, confiada, que entablaba conversación con cualquiera y que no tenía maldad", pero en ese momento "charla con el que no de debe".

Así, y en base a los informes forenses, ha definido a Antonio Gordillo como un joven "agresivo, mujeriego, consumidor de alcohol y ocasionalmente de drogas, y con antecedentes, pues incluso fue condenado por arrancarle un dedo de un bocado a un hombre". En ese momento, "la suerte le sonríe, porque conoce a una mujer joven, abierta y desinhibida".

Tras ello, según ha proseguido el fiscal del caso en su informe final, ambos se dirigieron al domicilio del imputado y, una vez en su interior, "toman unas copas y el acusado le ofrece y hace que consuma cocaína que llevaba él y no Laura", de manera que la mezcla de alcohol y drogas hace que Laura "se torne en una víctima propicia, pues una persona así es más accesible para todo".

El puñetazo en el ojo "le deja ko"

Posteriormente, se produce una discusión en el salón "cuyo origen se desconoce", pues aunque el acusado ha mantenido que vino motivada por su negativa a mantener relaciones con la víctima, "yo creo que es al revés", y Antonio Gordillo golpea a Laura y "acierta a darle un puñetazo en el ojo, que es lo suficientemente fuerte y contundente como para hacerle perder el conocimiento".

A su juicio, "ese golpe le deja KO y la hace caer al suelo, estando obnubilada y sin saber lo que está ocurriendo", tras lo que el acusado la traslada "sin oposición" al cuarto de baño, "único lugar de la casa donde se encontró sangre" y donde el imputado "se plantea que hay que rematarla, porque si no puede denunciarlo y le va a arruinar la vida". Así, va a la cocina, coge un cuchillo "y le propina cuatro puñaladas" estando la víctima tumbada.

La víctima, según los forenses, no tenía heridas de defensa por arma blanca, por lo que el fiscal ha concluido que "no se dio cuenta y no vio venir las puñaladas, dirigidas a la zona del corazón", por lo que la intención del procesado "era matarla, acabar con su vida y hacerle daño, pues no era necesario para matarla realizar esa carnicería", ya que las puñaladas "le rompieron las costillas y cartílagos; fueron hechas con una ferocidad tremenda e innecesaria".

"falta de humanidad"

Ha añadido que Laura "nunca representó un peligro para el acusado, pues no tenía entidad física para defenderse, no estaba en condiciones para ello tras consumir alcohol y cocaína y se encontraba inconsciente", porque, a su juicio, "nadie se deja apuñalar sin la más mínima resistencia". Tras ello, según su relato, la metió en la bañera, va a por una maleta y ve que no cabía en la misma, por lo que "se le ocurre cortarle la cabeza y un brazo", que metió en una bolsa.

Todo ello supone "una falta de humanidad y un desprecio absolutos", ha aseverado el representante del Ministerio Público, quien ha criticado este hecho "atroz" y ha señalado que el objetivo del acusado "era intentar ocultar el delito, por eso no existe el delito de profanación de cadáveres". Posteriormente, limpió la casa "minuciosamente" y llamó a un amigo para que le ayuda a deshacerse del cuerpo, pero no lo consigue.

Así, el acusado consigue que una mujer le preste un vehículo con el que traslada la maleta al río Guadalquivir, mientras que de la bolsa se desprendió posteriormente en el mismo río, al que en esa ocasión acudió andando. "Todo estaba milimetrado, esa cordura y esa frialdad no se corresponden con un tío harto de alcohol y drogas", ha defendido, añadiendo que "no sufre ningún trastorno ni enfermedad mental".

En la última sesión del juicio, y antes de los informes finales, han declarado dos peritos del Instituto Nacional de Toxicología, que han explicado que no pudieron analizar si el acusado era consumidor habitual de cocaína debido a que no contaron con suficiente muestra de pelo para ello, aunque sí descartaron que consumiera alcohol y otro tipo de sustancias estupefacientes.

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