Amalia Bravo
Amalia Bravo, en una foto cedida por ella misma, en la plaza de Cibeles de Madrid. A.B.A.

Cuando escribe poesía es Amabra, la misma mujer -47 años, enfermera, chilena, un hijo, divorciada- que firma como Amalia Bravo Arratia en los pliegos judiciales que resumen con asepsia dos años en la vida de una trabajadora inmigrante "estafada".

Amalia -Amabra- ha recibido este martes una buena noticia. La familia para la que trabajó como cuidadora, limpiadora y jardinera a razón de 850 euros al mes (14 horas al día y sin derecho a vacaciones, en un régimen "esclavista") ha reconocido, "por fin", que existió tal relación laboral. Es una "primera victoria". El 7 de mayo próximo sabrá si sus antiguos empleadores tendrán que abonar o no los 11.000 euros que, según ella, todavía le adeudan.

Amalia, que ha publicado ya tres libros de poesía, escribe solo desde que reside en España

El "calvario" de Amalia comenzó en 2009. Con un permiso de trabajo a punto de caducar y un grueso currículum de pluriempleada a sus espaldas, aceptó el oficio de interna en un chalet de Madrid. Tras dos años de "promesas incumplidas" por parte de sus jefes, que aplazaron sine die la promesa de un contrato y de regularizar su situación es España, Amalia, "dolida e impotente", decidió renunciar al trabajo, contratar un abogado y esperar.

La espera, "injusta, dolorosa, burlesca", la viene tolerando gracias a la amabilidad de una familia de compatriotas chilenos de Villalba, una localidad de las afueras de Madrid, y al amor de su actual pareja, chileno como ella y también parado.

Poesía sin papeles

El exilio -y exilio también es la imposibilidad de volver a tu patria en 9 años por causa del dinero- puede ser un óptimo carburante para la poesía. Amalia era una mujer perfectamente ágrafa antes de venir a España. Resume: "Fue llegar aquí y ponerme a escribir". En casi una década ha escrito -y autoeditado modestamente- tres libritos de poesía; del último, Bajo mi piel, "aún quedan ejemplares", puntualiza.

Su lema en su perfil de Facebook -"Amo la poesía porque me ayuda a vivir lejos de mis seres queridos"- resume lo que ha dejado atrás: para bien, un marido que la maltrataba; para mal, un hijo, que ya sobrepasa la veintena, a quien no ha vuelto a ver desde que reside en España.

A menos de dos meses de la fecha que puede hacer que su suerte cambie, Amalia -en situación ilegal- piensa ya en "empezar de cero", "juntar algo y poder irse", "regresar a Villa Alemana [la colonia chilena donde nació]". Y, como en una de sus poesías, lo piensa "siempre sola, como un impar / (…) pero creyendo en el verbo creer".

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