El municipio jiennense de Bailén cuenta con el único horno experimental de España con las mimas características que tenían éstos hace más de 2.000 años, construido con el objetivo de intentar reproducir los productos cerámicos fabricados en la II Edad del Hierro.

Así lo ha destacado este viernes el Centro Tecnológico de la Cerámica (Innovarcilla), que ha explicado que la idea partió de Juan Jesús Padilla Fernández, que realiza en la Universidad de Granada su tesis doctoral sobre Procesos de producción cerámicos en la II Edad del Hierro, tomando como punto de partida el alfar del siglo II a.C. del yacimiento arqueológico de Las Cogotas emplazado en Cardeñosa, Ávila.

Para estudiar y demostrar la complejidad técnica que conlleva el erigir una estructura de tales características, se ha levantado en poco más de tres meses un horno de 3,6 por dos metros de diámetro, elaborando a mano 7.855 adobes de 40x20x10 centímetros mediante moldes tradicionales y barro extraído de contextos locales y mezclado con paja.

En cuanto a la puesta en marcha y funcionamiento, se ha empleado combustible natural de encina, pino y matorral, tal y como se hacía en la referida época. Esto permitió alcanzar los 758 °C, realizando una "cocción modélica". Este horno ya se ha utilizado para cocer diferentes productos y piezas cerámicas y se han extraído conclusiones. Así, los datos arqueométricos de pastas cerámicas que pertenecen a la II Edad del Hierro daban como resultado la cocción de estos materiales entre 750 y 800 grados centígrados y, gracias a la cocción experimental y tomando medidas con un pirómetro, se han demostrado y consolidado estas interpretaciones.

También se ha podido comprobar que cocer a esta temperatura y no a otras mayores, tales como las empleadas por los romanos, no supone un mayor desconocimiento tecnológico, sino todo lo contrario, pues evidencia la gran funcionalidad (optimización de recursos) puesta en práctica por estos alfareros, que no necesitaban cocer a mayor temperatura sencillamente porque ya alcanzaban resultados óptimos, superiores incluso a los obtenidos por alfareros populares que perviven actualmente.

Igualmente, se ha puesto de manifiesto el grado de experiencia y especialización de los alfareros, que sin medidores de temperatura y sólo en base a la coloración de las llamas, eran capaces de obtener muy buenos resultados, alcanzando esos mismos 750 grados centígrados. Además, se ha constatado que poseían elevados conocimientos tecnológicos, transmitidos de generación en generación a través de la experiencia. Se dedicaban a tiempo completo a sus labores artesanas y gozaban de un estatus privilegiado dentro de estas comunidades. RÉPLICAS

Junto a ello, se ha logrado una producción prácticamente exacta de replicas arqueológicas típicas de la época, tales como trompas (instrumentos musicales), copas, sonajeros, urnas o diversos elementos que componían la vajilla de estas sociedades.

Los responsables de este estudio son, además de Juan Jesús Padilla, Raquel Jiménez Pasalodos (Universidad de Valladolid) y Carlos García Benito (Universidad de Zaragoza), quienes han contado con la colaboración de Antonio y Bartolomé Padilla Herrera y Antonio Miguel Troyano Merino, todos ellos alfareros tradicionales de Bailén que continúan perpetuando el oficio.

Asimismo, han contado con la participación en la construcción del horno los maestros albañiles José Valdearcos y Gonzalo Balbuena Herrera y con el asesoramiento en todo el proyecto de Gonzalo Ruiz Zapatero y Jesús Álvarez Sanchís, ambos profesores de la Universidad complutense; Manuel García Heras, científico titular del CSIC y Gonzalo Aranda Jiménez, profesor titular de la Universidad de Granada, según ha concretado Innovarcilla.

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