Jorge Blass
El mago madrileño Jorge Blass, durante una de sus actuaciones. ARCHIVO

En un lugar privilegiado del Museo Egipcio de Berlín descansa el papiro Westcar, escrito entre 1650 a. C. y 1540 a. C. En él, además de cuatro historias mitológicas sobre la corte de Keops, se cuenta cómo un mago llamado Dyedi impresionó al faraón con un ingenioso juego: primero, hizo desaparecer varios guijarros ante sus ojos; después, decapitó a un ave que, ante la sorpresa del poderoso faraón, siguió caminando como si nada hubiera ocurrido. El de Dyedi fue uno de los primeros espectáculos de magia de los que se tiene constancia.

"La magia genera un asombro incomparable, pues el espectador asiste a lo imposible ante sus propios ojos", cuenta Jorge Blass. Sabe de lo que habla. Madrileño de 31 años, es uno de los principales responsables del buen momento que vive la magia en nuestro país. Comenzó presentando una sección de magia para niños en el Club Megatrix de Antena 3. Pasó por Telecinco, Canal +, TVE 1 y, finalmente, por Cuatro, donde dirigió y presentó durante tres temporadas el programa Nada por aquí. Hoy, además de dedicarse a la Fundación Abracadabra de Magos Solidarios, de la que es fundador, dirige el Festival Internacional de Magia de Madrid, cuya segunda edición reúne estos días en la capital a lo más granado del ilusionismo mundial.

La magia genera un asombro incomparable: el espectador asiste a lo imposible ante sus ojos

"La magia vive un gran momento", cuenta Blass, visiblemente satisfecho por la acogida de la cita. "Los espectáculos se llenan y el festival ha ampliado su programación de una a dos semanas". ¿La crisis hace que nos ilusionemos más? "Desde luego. En estos tiempos, se demanda mucha más ilusión. Y los magos nos dedicamos, precisamente, a generarla".

Hay muchas maneras de transmitir esa ilusión. Los más clásicos siguen utilizando el siempre recurrente mundo de las cartas. Pero hay mucho más. "Este año, por ejemplo, contamos con la presencia del australiano Raymond Crowe", cuenta Blass. "Hace una magia fusionada con el mimo y las sombras, muy distinta a todo lo habitual. También estará Arno, un ilusionista francés que emplea pájaros en sus impactantes espectáculos", explica.

Cada vez más aficionados

Blass debe buena parte de su vocación al legendario Juan Tamariz, a quien comenzó a ver en televisión cuando solo era un niño. El mundo de la magia le atrajo tanto que se apuntó a su escuela, que hoy dirige la hija del maestro, Ana Tamariz. "Entonces el curso era de cinco semanas... Ahora son tres años, casi una carrera, y cada vez hay más alumnos". La gran mayoría no acabará dedicándose profesionalmente a la magia como él, sino que disfrutará de ella para deleitar a sus amigos o familiares. "Hay de todo: abogados, médicos... gente que descubre la magia como afición y quiere aprender un poco más", cuenta.

Manolo Talman, célebre mentalista y presidente de la Sociedad Española de Ilusionismo desde 2008 es, además, profesor de la Academia Magos Artesanos de Madrid, donde imparte cursos de iniciación a los que quieren introducirse en el mundillo. "Están pensados para todo aquel que desea conocer los fundamentos del ilusionismo y sus distintas ramas. Se aprenden desde juegos con cartas y elementos que cualquiera puede tener a su alcance hasta juegos de escenario con cuerdas, pañuelos...".

Talman lo tiene claro: lo mejor de la magia es: "Sacar el niño que todos llevamos dentro y que muchas veces olvidamos que existe". Estos días, en Madrid, hay una nueva oportunidad de dejarlo salir.

Magia con un iPad y Facebook

La ilusión debe estar en constante cambio. El mago Jorge Blass invierte, junto a un equipo de asesores, mucho tiempo en idear cada truco –aunque ellos prefieren llamarlo juego–. Su última gran creación tiene como protagonista un iPad. En él, y a través de la red social Facebook, un espectador elige a un amigo que vive en otra ciudad al que, por arte de magia, Blass hace aparecer sobre el escenario. La gente se rompe las manos aplaudiendo. No es para menos.

Rene Lavand

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¿Qué le llevó a dedicarse al mundo del ilusionismo?
A los 7 años comencé a interesarme por ello. Poco después tuve un accidente en el que perdí el brazo, pero decidí seguir adelante.

¿Qué dificultad añadida tiene ser ilusionista cuando se sufre una discapacidad?
Fácil no fue, según recuerdo. No hay libros ni maestros que enseñen magia con una sola mano, así que fui autodidacta.

¿Qué momento vive este arte?
En España, un buen momento. Pero con respecto a otras épocas hay una cierta decadencia: faltan artistas y sobran magos. Algunos le dan más importancia a la habilidad manual que a la puesta en escena. La cosa no está en lo que se hace, sino en cómo se hace.

¿Qué debe tener un buen ilusionista?
Tiene que tener convicción actoral, eso es lo más importante. Y mantener un equilibrio armónico entre lo que dice y lo que hace.

¿Me revelaría algún truco?
Jamás lo haría. Pero no por mí, sino por respeto al público.

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