Carmelo Gómez
Nació en Sahagún, León, en 1962. Ha ganado dos veces el Goya (por Días contados y El método) y ha sido candidato en otras dos ocasiones. Ahora protagoniza en teatro la obra Elling. JORGE PARÍS

División Azul: setenta años después, un tema aún delicado.
Desde la distancia, no podemos enjuiciar a nadie. España estaba muy polarizada: acababa de terminar la Guerra Civil y había dos bloques de personas que se odiaban a muerte sin tener claro el porqué. Y no solo eso: hubo quien se fue a la División Azul a por aventuras, para huir del hambre, para evitar que su padre fuera condenado a muerte o hasta para cambiarse de bando y combatir con los rusos.

¿Cómo mezclar en una película lo histórico y lo dramático?
El cine que tiene un compromiso lo tiene con la historia, la identidad, el honor, los valores morales y el pasado. En ese pasado vivimos, porque en él vivieron nuestros abuelos y porque sería muy triste querer borrarlo. Esta historia no está muerta: 40.000 voluntarios fueron a combatir a Rusia, y debemos saber por qué.

Ya en 2012: ¿nos vamos al infierno o nos están asustando?
Es evidente que nos han metido miedo: desde hace muchísimo tiempo, se gobierna con él. Lo grave es que, tras tantos años de democracia, hayamos caído tan rápido en la trampa. Es lo único que los gobiernos de izquierda y derecha han hecho bien estos años: adocenar a la gente, meternos miedo y hacernos creer que su bienestar era la única forma de vida. Y eso es mentira: hay mil formas.

No hablan de paraísos fiscales: solo de trabajar más por menos

¿A qué llama 'su bienestar'?
A que los ricos sean cada vez más ricos, por ejemplo. A que ahora no los podamos perseguir para que no se lleven su dinero fuera. A la grave fractura que vivimos. Y a que España, Europa, estén en el ajo: ¿Por qué no acabamos con los paraísos fiscales? Se acabaría la pobreza en el mundo. De eso no se habla, pero sí de trabajar todos más horas por menos dinero y vivir peor.

¿Por qué les hemos creído?
Porque han sido rápidos y eficaces, se lo han montado muy bien. Y porque las agencias de calificación, el poder cien por cien capitalista, sigue mandando en el mundo.

Y no lo impedimos.
Es lo grave. Tendríamos que buscar los valores de una sociedad abierta, capaz de repartir la riqueza entre todos. Tendríamos que estar todos a la altura, porque es el momento de hacerlo. Pero me asusta esta mayoría absoluta: se ha conseguido a base de hacer creer que había que hacer algo inevitable con lo que los otros no se han atrevido y que ahora se hará. Y la gente ha dicho: sí, hacedlo. Pero es mentira: solo se conseguirá que seamos más pobres, tengamos más miedo y no podamos pagar los créditos que nos dijeron que podríamos pagar. Nos han hecho partícipes de esa mentira para ahora decirnos que no, no era real; pero pagadlo vosotros.