'De rode boerderij', 1924
Cuadro del expresionista holandés Jan Altink

Bruikleen Stichting De Ploeg. Foto Marten de Leeuw

El pintor holandés Jan Altink (1885-1971) no es de los que ocupan un lugar prominente en los libros de historia del arte. En Groninga (Holanda) no están de acuerdo.

El Groninger Museum quiere reivindicar la obra de Altink, un expresionista particular y de temática bastante más pastoral que sus compañeros de estilo. La exposición  Iconen van het Groningerland (Iconos de la campiña de Groninga) compendia los mejores cuadros del artista local más brillante de la zona.

70 lienzos y 40 obras en papel

La retrospectiva incluye 70 obras en lienzo y 40 en papel. Las piezas proceden de la colección permanente del museo, de la colección del grupo  De Ploeg (el arado), el colectivo de artistas que fundó en 1918 el propio Altink, y de numerosas colecciones privadas. Gran parte de los cuadros corresponden a las décadas de los años veinte y treinta, las más brillantes y prolíficas del artista.

Nacido en Groninga y residente casi toda su vida en la zona, Altink, consideraba que la pintura requería una refundación. Sus cuadros, paisajes de horizontes elevados y caminos o corrientes fluviales que desaparecen en la distancia, anteceden a algunos de los hallazgos del lenguaje expresionista.

El campo aparece idealizado en su obra y el paisaje rural que le rodeaba se convierte en una representación icónica de una meta superior. El uso preferente de colores complementarios como el violeta y el verde contribuyen a la originalidad de su visión.

A partir de 1927, Altkin cambió en su acercamiento formal a los temas: su paleta se hizo más lírica y en ocasiones roza el impresionismo.