'Brandee (Midnight Flight)', 2011
'Vuelo de medianoche', foto de Ryan McGinley Courtesy the Artist and Alison Jacques Gallery, London

Cualquier situación es posible en las fotos de Ryan McGinley (EE UU, 1977), uno de los artistas más sorprendentes del siglo XXI. Su "espontaneidad orquestada" es una puerta abierta a la poesía.

La última exposición de McGinley se titula Wandering Comma (que podría traducirse por Coma asombroso pero también hace referencia a un tipo de mariposa). Se clausura este jueves en la galería Alison Jacques de Londres y es uno de los grandes sucesos artísticos de la temporada en la capital británica.

Multipremiado desde su primera muestra importante, en 2000 en Nueva York, en la que regaló a los asistentes el libro autopublicado The Kids Are Alright, con retratos de skaters, músicos, artistas urbanos y jóvenes inquietos, el fotógrafo representa la visión hedonista y placentera de la juventud estadounidense, enfrentada a los desesperados y crudos retratos de, por ejemplo, Larry Clark.

Ensoñaciones trasladadas a la realidad

El estilo de McGinley ha cambiado mucho desde aquel tiempo. Si al principio se limitaba a retratar a las personas de su círculo de un modo natural, premeditadamente amateur, verité y snapshot, sin artificios -usando, en ocasiones, película instantánea Polaroid-, en 2004 empezó a utilizar cámaras analógicas de 135 milímetros y nada complejas -sobre todo la Yashica T4 y la Leica R8s- para construir escenas mucho más elaboradas, ensoñaciones trasladadas a la realidad.

Colocarlos en lugares no reconocibles, desvertirlos y dejar que actúe la soledad Inspirado, según sostiene, por la fotografía del español Nestor Almendros para la película de Terrence Malick, Days of Heaven (1978), McGinley dice que el tema de sus fotos es "el desplazamiento": colocar a personas en lugares no reconocibles, desvestirlas y retratarlas con "una paleta muy limitada" para observar como interactúan la "atemporalidad, la soledad y el estilo".

En Wandering Comma las fotos son cinemáticas, casi épicas y el fotógrafo es más un director que un documentalisa. Las escenas son coreográficas, pero siempre dejan margen para lo impredecible, buscando la intervención del azar y el accidente

McGinley determina los escenarios y la iluminación con antelación y mucho detalle, pero, una vez en la localización, invita a sus modelos a que tomen la iniciativa y hagan lo que les apetezca. En suma, que sean hedonistas y lo pasen bien, lo que origina acciones que no estaban de ningún modo entre lo predecible: que alguien se tire por una cascada o acaricie a un animal salvaje, por ejemplo. En tierra de nadie, entre la realidad y lo artificioso, las fotos son imágenes soñadas o mundos imaginados traídos a la realidad.

Nunca pide que posen, sino que 'sean'

El momento de la toma es solamente el primer paso de la "espontaneidad orquestada". McGinley interviene cromáticamente las fotos en la postproducción o en el uso de filtros que cambian la tonalidad drásticamente .

Para elegir a sus modelos utiliza la selección personal: invita a gente a la que conoce en la calle, en conciertos o por Internet y se embarca con ellos en viajes a los escenarios que previamente ha seleccionado. Quiere acrecentar así la intimidad de las fotos y la confianza con los retratados, a los que nunca pide que posen, sino que sean.