'Air-Hostess'
'Azafata', una de las obras de la artista Courtesy Boo Ritson and Poppy Sebire Gallery. Foto: Andy Crawford

¿Escultura, pintura, fotografía o performance? Al contemplar la obra de la artista afincada en Londres Boo Ritson (1969) es difícil saber si son óleos o imágenes reales.

Pinta sobre la piel y la ropa del modelo y después documenta el resultado con fotos. Cada retrato es una contradicción del género. Ritson no quiere captar el mundo interior ni la personalidad. La capa de pintura que recubre de arriba a abajo a la persona es una superficie que separa a quien observa de la verdadera naturaleza del retratado: La obra "no tiene nada que ver con el individuo que hay debajo, salvo porque la persona proporciona una estructura, como si fuera un lienzo".

El resultado es una escultura viviente de brillos plásticos y colores que parecen a punto de gotear, como derretidos, por la superficie de la persona.

El relieve de la cara y la estructura ósea

Sus "criterios de selección" distan mucho de lo que un artista suele buscar en la persona. Tienen que ser modelos "tranquilos y llevaderos" que soporten el montaje. Son, en muchos casos, gente conocida y querida para la artista, pero también se ha atrevido con extraños. El relieve de la cara y la estructura ósea son determinantes.

Al final, el volumen de las formas es casi lo único que queda del ser humano original tras los pegotes de pintura que lo recubren. En sus planes futuros, tal vez para dar más carácter al posado, piensa en utilizar a gente "identificable por algo en particular", como cantantes, actores, atletas o políticos.

Son una imagen alternativa del rostro que hay debajo, un avatarLos rostros también son impersonales, escondidos tras unas grandes gafas de sol que protegen sus ojos, la expresión es casi nula. La artista se vale de ellos para convertirlos en su creación: "Son una imagen alternativa del rostro que hay debajo, un avatar, una representación diferente del yo que probablemente existe en otro lugar".