Librería de antiguo
El librero Luis Domínguez, entre sus tesoros más preciados. Jorge París

Cuatro libros por un euro o una enciclopedia británica de 1911 por 100 euros. Son malos tiempos para los libros y los gastos, los bolsillos flacos se quejan y con razón, pero ¿realmente podemos decir que así no hay quien lea? Los libreros de viejo siguen estando ahí, manteniendo sus estantes, unas veces abarrotados de desorden y otras, llenos de su contrario, tratando de que nunca la crisis alcance del todo a la lectura.

Luis Domínguez, un librero apasionado y vocacional, al frente de la librería que Marcial Pons dedica desde hace poco en Madrid al libro viejo y antiguo (plaza Salesas, 10), contagia un entusiasmo que en las grandes superficies de libros nuevos cuesta tanto encontrar que hasta nos hemos acostumbrado a la ausencia del librero de toda la vida, el de barrio. Esa figura que conseguía que mayores, jóvenes y niños reacios devoraran libros o, en palabras de Luis, "acabaran teniendo adicción a la lectura". Cuenta, lleno de energía y ganas, tras 38 años dedicado al sector, la satisfacción de lograr que la gente vuelva. "Hay muchos con tanto corazón que, conscientes de todo el trabajo que lleva conseguirles un libro por el que solo pagarán 6 euros, me compran algo más, uno de Vargas Llosa o cualquier otro".

Se venden bibliotecas enteras de las herencias familiares. Nadie quiere ya libros antiguos

Es el caso de Bonifacio Gómez, un profesor universitario al que encontramos en la Cuesta de Moyano y que explica cómo cuando pide algún ejemplar complicado siempre se lleva algún otro. El elegido, por capricho y porque es una vieja edición que le recuerda a la que leyó de joven, es La metamorfosis, de Kafka. "Llevo viniendo a Moyano muchos años, y he traído a todos mis hijos. Les encantaba venir. Mi hija mayor aún conserva una edición que se cae a trozos de una antología de Miguel Hernández que compramos aquí hace muchos años. Acabó estudiando Filología y me gusta pensar que el origen estuvo aquí".

Mala economía...

Tocamos la palabra maldita y Luis Domínguez, rápido, responde: "La crisis no se nota tanto, de hecho si te das una vuelta por el barrio de Chamberí, verás que hay varias librerías de viejo que acaban de abrir". Para él, la expansión es clara, y en todos los sentidos: "Cada vez hay más gente que quiere vender libros, bibliotecas enteras de las herencias familiares. Nadie quiere ya libros antiguos". Tesoros que las generaciones anteriores fueron reuniendo con el orgullo que daba ser una persona leída y con una casa repleta de estanterías con buenos títulos. Hoy la gente quiere deshacerse de todo: es una de las conclusiones a las que se llega tras hablar con varios libreros.

No hay una renovación lectora en España. Algo que sí sucede en otros países europeos

Itzíar Calvo, una habitual compradora de libros viejos, asegura que no se desharía de ningún libro de su familia:"Para mí son el mayor tesoro, la mejor herencia. Aprendí a leer y me enganché gracias a lo baratos que eran estos libros. Me permitía comprar muchos. Aunque sí es verdad que hay gente que no quiere libros en casa. Dicen que son trastos y que los libros viejos quedan mal".

Para Rafael Sánchez, del Gremio de Libreros de Viejo de Cataluña, la crisis no es algo que a ellos les haya afectado especialmente: "Yo creo que hemos aguantado más que otros negocios". En la línea de Domínguez, aunque no en la del presidente de los libreros madrileños, Sánchez defiende la supervivencia del sector.

... pero peor lectura

No es solo cuestión de dinero por lo que aumentan quienes se desprenden de los libros, ya que a veces es solo 1 euro el que consiguen por ejemplar (ediciones como la de los clásicos de RTV). Es sobre todo otro tipo de crisis la causante: la de la lectura. "¿No te das cuenta de que las generaciones jóvenes no tienen más de diez libros en casa?", dice con cierto pesar el librero de la madrileña librería de viejo El Galeón (c/ Sagasta, 7), José González, para quien está claro que aquí, al contrario que en otros países europeos, no hay una renovación lectora. Le cuesta entender cómo es posible que se le dé tanto valor a la cultura de la rapidez y la poca profundización.

Y además: la Red

Fernando Contreras, presidente del Gremio de Libreros de Madrid, habla de un presente en crisis para los libros usados, y se lamenta del daño que Internet les hace. «Fue lo primero que nos dañó, antes de que llegara la crisis. Además, en Internet no todos lo hacen de modo legal... Esto está empezando a ser heroico».

Para Luis Domínguez, en cambio, las nuevas tecnologías serán la clave para el librero del futuro. Este apasionado de su trabajo cree con firmeza en un cambio no muy lejano en la educación. Una variación que tiene que ver con una vuelta a la lectura. Antes de irnos, y tras regalarnos un ejemplar de una de sus obras más queridas, nos hace un guiño: "¿Saben qué hace un librero cuando descansa?" La respuesta, hermosa, no podía ser otra: leer.

¿Cuánto cuesta un libro viejo?

El estado de conservación del libro, el número de ejemplares de la tirada en cuestión, lo raro o difícil que sea de encontrar, el dueño que haya tenido, si está firmado... Son muchos y a veces muy variables los factores que influyen en el precio que se paga por los libros usados. A veces incluso se puede llegar a comprar simplemente por el peso... otras por el título... Y hay ejemplos de obras, como las escritas por Lorca, que, sin llegar a ser antiguas, se cotizan muy caras, sobre todo si son primeras ediciones.