Seis edificios situados sobre los túneles de Metroeste se agrietan

  • El terreno se hunde en las calles Vergara y Pablo de Olavide, en San Fernando.
  • Metro no ve relación directa entre las rajas y su obra, aunque inyecta hormigón en el subsuelo "por prevención".
  • Parte de la línea 7 cierra durante tres meses para reparar de forma urgente las filtraciones provocadas por un acuífero subterráneo.
Las grietas recorren toda la fachada del edificio en el cruce de Vergara con Somorrostro.
Las grietas recorren toda la fachada del edificio en el cruce de Vergara con Somorrostro.
Jorge París

Los vecinos de San Fernando de Henares no saben si agradecer la llegada del metro o lamentarla. La ampliación de la L-7 (Metroeste) se abrió justo para las elecciones de 2007 y, desde entonces, los cortes del servicio han sido constantes. Ahora se cierra durante tres meses para reparar de forma urgente las filtraciones provocadas por un acuífero subterráneo. Y, por si fuera poco, al menos seis edificios situados sobre el trazado de los túneles presentan grietas.

Metro considera que "no hay pruebas concluyentes" de que las rajas estén causadas por su infraestructura. Pero los vecinos y el Ayuntamiento (IU) creen que hay evidencias suficientes para relacionar los desperfectos con la obra.

Los inmuebles afectados ocupan los números 16 y 18 de la calle Vergara, y los portales del 3, 5, 7 y 9 de la calle Pablo de Olavide. El metro discurre paralelo a estas viviendas a 10 metros de profundidad, en el tramo entre las estaciones de San Fernando y Henares. "Va justo por debajo y las grietas aparecieron cuando empezaron a construir los túneles. Si el origen fuera otro, sería mucha casualidad", explica Carlos Vega, presidente de la asociación de vecinos Parque Henares.

Las grietas aparecieron en 2005, año en que se iniciaron las obras de la ampliación. En la primavera de 2009, cuando el metro ya llevaba dos años funcionando, las rajas se ensancharon de forma alarmante y los técnicos municipales colocaron testigos en las fachadas para hacer mediciones.

"Constataron que se estaba produciendo un desplazamiento de los edificios por inestabilidad en el terreno", según un portavoz municipal. Sin embargo, pese al tamaño de las hendiduras, "no ha habido necesidad de desalojar porque los desperfectos no afectan a la estructura: los técnicos no detectan un riesgo inminente de derrumbe".

Rajas hasta en el asfalto

Literalmente, el terreno de la zona se está hundiendo, arrastrando con él todo lo que hay en superficie. Los edificios se están inclinando ligeramente, el asfalto se resquebraja en la avenida Somorrostro y las rajas se extienden incluso hasta las azoteas.

El subsuelo de San Fernando está surcado por arroyos subterráneos que forman parte de la red fluvial del Jarama. "Las corrientes de agua reblandecen el terreno, formado por arcilla y arena, y provocan que se vuelva inestable", apunta el presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, Edelmiro Rúa. En teoría, el túnel de Metroeste podría estar actuando como dique para uno de esos arroyos. Su curso se habría desviado, arrastrando el terreno bajo los cimientos de las viviendas afectadas, según las sospechas vecinales.

Sin embargo, la Comunidad no ha hallado ninguna relación entre el metro y las grietas. "Se han hecho varios estudios geotécnicos y ninguno determina que las obras sean responsables", aseguran desde Metro. Pero esos mismos informes tampoco han podido descartar la vinculación. "De momento, no hay nada concluyente y Mintra [la empresa pública que construyó y mantiene Metroeste] sigue haciendo estudios»" añaden.

De hecho, pese a que no reconoce su responsabilidad, Mintra está inyectando hormigón bajo los cimientos de Pablo de Olavide para estabilizar el terreno. "Se está haciendo cargo para solucionar el problema, como prevención para evitar un riesgo mayor. Lo está haciendo con cargo a su presupuesto hasta que se determine con claridad el responsable. Después ya se verá quién lo paga", según Metro.

"Dicen que no hay riesgo, pero..."

Los vecinos no tienen más remedio que convivir con las grietas. "No me da ninguna seguridad tener ahí esas rajas. Dicen que no hay riesgo de derrumbe, pero... ¡uff!", dice Ángel Montero, dueño de una papelería en Vergara. El interior de su comercio tiene grietas del tamaño de un puño y la cristalera se la ha roto ya dos veces por la inclinación del edificio. "Ya nos hemos acostumbrado, pero si algún vecino quisiera vender su casa, ¿cómo lo hace? ¿Quién va a querer comprar un piso que se cae?"

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