Justin Bieber
Justin Bieber durante el concierto que ofreció en el Palacio de los Deportes de Madrid. Ballesteros / Efe

Delgado. Diminuto. Rodeado de guardaespaldas del tamaño de un armario y escondido bajo una capucha gris. Así, sin mostrar completo su rostro, se presentó Justin Bieber ante una prensa española que lo esperaba casi tan ansiosa como su fiel público juvenil. Sí, el chico cumplió con todos los topicazos de la estrella adolescente: más de una hora de retraso, plantón a los fotógrafos y varias preguntas sin contestar. Así se las gasta Bieber.

Y, sin embargo, aquí está: abriendo las páginas culturales de casi todos los periódicos del país. Es lógico: el chaval es un fenómeno (social o musical, ¿qué importa?). Su nombre en Google nos da 216 millones de resultados. Su biografía oficial es un éxito mundial (en España va por la tercera edición). Y encima está de conciertos en nuestro país (el martes, en Madrid; este miércoles, en Barcelona) y presenta una primera película, Never Say Never, un documental sobre su vida que llegará a los cines el 15 de abril.

Un ejemplo para todos

"En la película se ve que es un buen chico", decían algunos periodistas durante la larga espera. "La mala es la madre y los tiburones que lo rodean", aseguraban otros. Para él, su éxito radica en "ser una persona corriente, un chico normal con el que cualquiera puede identificarse. Mi vida es un ejemplo de que los sueños se cumplen, y espero que mi película lleve ese mensaje de esperanza a la gente. Todo es posible: el único impedimento para que tus sueños se cumplan eres tú mismo, así que nunca digas nunca jamás".

Bonitas palabras de superación y constancia en un chico canadiense que, hijo de madre soltera y casi adolescente, aprendió desde muy pequeño (y solito) a tocar el piano, la batería, la guitarra y la trompeta. De un chaval cuyo primer disco, My World 2.0, fue recibido con simpatía por la exigente prensa musical («Lo hace todo bien, tiene encanto adolescente y toca todos los palos», dijo de él la prestigiosa web Allmusic). De un muchacho que afirma: «Soy feliz con lo que hago, aunque echo de menos estar tranquilo con mis amigos... ¡Siempre estoy viajando!».

El chico espiritual

Descubierto a través de YouTube por un cazatalentos, su madre consultó con el pastor de su iglesia la conveniencia de aceptar la oferta de una discográfica, y hasta el propio Bieber aparece rezando en la película. Sin embargo no se define como alguien religioso, sino como "una persona espiritual": "Dios es muy importante para mí, porque fue él quien me dio esta oportunidad. ¿Rezar? Claro. Es mi forma de devolverle todo lo que me ha regalado". Agradecido y soñador ("Quiero sentar las bases de una buena vida para mi familia, para mis futuros hijos"), el joven cantante no cree que su estrella vaya a caer en desgracia: "A mí no me pasará lo mismo que a Britney Spears", dice muy serio. "Tengo la cabeza asentada y el apoyo de muchas personas, como mi familia, que me transmiten humildad. Como todo el mundo, cometeré errores, pero tengo las cosas controladas. No quiero pasar a la historia como alguien que solo tuvo sus diez minutos de fama".

El chico que desbancó de las carpetas adolescentes a Tokio Hotel, el ladrón de sueños cuyas fotos cubren ahora los dormitorios pueriles que otrora fueran de los Jonas Brothers, también quiere ampliar horizontes. Más allá de Never Say Never, le gustaría "explorar una carrera como actor", una profesión que confiesa que le gusta y en la que tiene pensado seguir. Hasta entonces, más conciertos, gritos, desmayos de jovencitas y, en el horizonte, un próximo (y esperadísimo) disco "sin terminar aún", pero que asegura lo mostrará más mayor: "Ha pasado el tiempo y he tenido más experiencias con gente nueva, amigos, chicas, y eso me ha inspirado canciones. Tendrá temas que yo he escrito, y también de otros".

¿Aguantará giras, presiones de la industria e insultos de los fotógrafos ("ladilla", llegaron a llamarle en Madrid)? "Ya me lo han preguntado –responde con un deje metálico, casi robótico, en la voz–, pero no lo dejaré. No, porque cuanto más duras se ponen las cosas más tiene uno que superarse. La vida es eso: subir colinas y obstáculos, y eso es lo que me he marcado". Palabra de Justin. Y así (o tal vez no) será.