Instructor caso 'Crimen de la funeraria' dice que había indicios de que acusados eran partícipes del asesinato

Una testigo asegura que el fallecido "hablaba maravillas de su mujer, a la que le hacía la manicura"
Juicio del 'crimen de la funeraria'
Juicio del 'crimen de la funeraria'
EP

Uno de los inspectores del Cuerpo Nacional de Policía, perteneciente a la Brigada de Homicidios de Murcia, que instruyó el caso del 'Crimen de la funeraria' que se juzga en la Audiencia Provincial desde este lunes, ha asegurado, en la séptima sesión de la vista oral, que "había indicios suficientes" de que los acusados, María Cruz A. y su amante, Manuel S. "fueron partícipes del asesinato" del marido de ésta, hace ahora cuatro años.

Este policía, a preguntas del Ministerio Fiscal, ha explicado que tanto uno como otro incurrieron en contradicciones varias, por lo que se decidió detenerlos.

Hay que precisar que los arrestos se practicaron cuatro meses después de lo sucedido, cuando los agentes abandonaron varias líneas de investigación abiertas hasta ese momento, que se centró en el círculo personal de María Cruz, su hijo, que también fue detenido, y los cuatro compañeros de trabajo de la víctima, empleado de la funeraria.

A pesar de que en un primer momento se abrió una línea de investigación dirigida hacia un supuesto electricista del Ayuntamiento de Mazarrón [Manuel], ya que la hermana del fallecido confesó a la Policía días después del crimen que María Cruz "podía tener una relaciones sexuales" con dicha persona, resultó negativa, no siendo hasta junio cuando ya se solicitó la intervención del teléfono de Manuel.

Fue entonces a primeros de julio cuando se refirieron determinados posicionamientos que acreditaban que el teléfono que Manuel había comprado para mantener conversaciones privadas con la acusada "se encontraba situado en las horas en que ocurrió el crimen" en un lugar próximo donde se sucedió y que el mismo teléfono tenía contacto con otro, siendo localizado en un domicilio cercano al de María Cruz.

Un aspecto éste que ha sido criticado por José Pardo Geijó, el abogado de María Cruz, al no entender por qué los agentes, teniendo conocimiento de que en abril María Cruz llamó a su amante, tras 14 días sin entablar contacto tras el crimen, y le dijo que acudiera a su domicilio a verla "y que pareciera una sorpresa", no se actuó, a lo que el inspector ha respondido que "cuando se identificó a Manolo el resultado fue negativo".

También ha cuestionado el letrado, que ha vuelto a mantener otro enfrentamiento dialéctico con el magistrado-presidente, Juan del Olmo, al considerar que el asesinato que se imputa a su defendida está basado en "prejuicios iniciales", que "si había tantas llamadas sospechosas, por qué no se hizo una gestión sobre Manolo y sí se hizo sobre Javier", el amigo de María Cruz y "supuesto amante".

El acusado debía conocer información del lugar

Durante la investigación, la policía instaló cámaras y audífonos para poder analizar las conversaciones que María Cruz y Manolo mantuvieron tanto en el calabozo como en una sala de comisaría, cuyo resultado fue negativo. El inspector ha justificado esta acción, que no suele ser la corriente, porque "el delito era grave".

En el transcurso de las operaciones de arresto, este inspector ha dejado claro que a los acusados "no se les coaccionó ni se les amenazó", a lo que acto seguido ha dicho que tampoco "nos ponemos un esparadrapo en la boca, sino que hablamos con los detenidos".

Precisamente, fue en el intervalo entre la primera declaración y la segunda de Manolo cuando confesó ser autor del crimen, inducido por su amante, de manera que la Policía puso en libertad al hijo de María Cruz, al entender que no estaba tan segura su detención como la de sendos procesados y no existía riesgo de fuga ni de desaparición de ninguna prueba.

Entre las razones de la detención, el instructor del caso ha puesto de manifiesto que Manuel "debía de conocer el lugar y el servicio extraordinario que se día, a esa hora determinada, tenía la víctima, para poder matarlo", ya que, tal y como han resaltado varios testigos, no existía un cartel indicativo de que la funeraria se encontraba en ese lugar.

El momento más tenso de la jornada se ha vivido cuando el letrado de la defensa ha avanzado que interpondrá una denuncia contra el inspector por "falso testimonio", ya que en una pieza de audio se oye como este agente le comenta a María Cruz de quedar "en un lugar tranquilo, donde nadie nos escuche, para hablar" quedando en llamarla en días posteriores para concretar.

Esto ha suscitado el enfado del inspector, que previamente había negado que hubiera mantenido reuniones con la acusada salvo en el gimnasio donde han coincidido una vez, puesto que ha justificado esta llamada es "una táctica policial que utilizamos para ver la reacción de ésta, porque se ponía nerviosa, y también para ver con quién contactaba posteriormente, dado que hablaba con su abogado".

Tras insistir en que hay otra llamada, de la que no se ha aportado como prueba el audio, donde finalmente el inspector le dice de no quedar, el letrado le ha instado a que "tiene que dar explicaciones en el juzgado por falso testimonio".

La jornada vespertina del juicio ha arrancado con la declaración de otro agente del Grupo de Homicidios, que ha explicado el tráfico de llamadas de los dos teléfonos de María Cruz, el de Manolo y el del fallecido, que ponen al descubierto cómo hay registradas múltiples llamadas entre los dos acusados el día del crimen.

También ha subrayado que al hijo de María Cruz se le recogieron unas gafas que se hallaron en el interior de un macuto que se encontraba bajo la cama de la procesada y que, según indicó a los agentes, pertenecían a Manuel.

"la víctima hablaba maravillas de su mujer"

Por la mañana ha sido el turno de varios testigos que sitúan a Manuel en el lugar del crimen, ataviado con una gorra naranja y unas gafas negras. Uno de ellos ha relatado que observó a una persona "como muy deprisa se dirigió a otro hombre que se encontraba bajando una persiana, le tocó por detrás y cuando éste se levantó le dio un abrazo. Creí que eran amigos pero luego vi la sangre por la boca de la víctima y el otro salió corriendo".

También ha prestado declaración, en calidad de testigo, la empleada de una inmobiliaria que conocía a la víctima y a María Cruz; una relación, ha precisado, de la que el fallecido "hablaba maravillas".

La víctima y esta persona coincidían puesto que sus lugares de trabajo estaban en el mismo barrio, por lo que era habitual que quedaran para tomar café, además de que también le ofreció una casa para vender.

Era habitual que el fallecido se presentara en la inmobiliaria y entablara conversación con esta mujer porque "se sentía solo. Me contó que sospechaba de que su mujer tenía un amante e incluso una vez se puso a llorar porque ésta le dijo de separarse".

Lo interesante del relato que ha aportado ha sido que en la víspera del crimen, "se pasó por la oficina para decirme que estaba muy contento, eufórico, porque su mujer le había dicho de volver a casa".

Esta testigo, que ha asegurado que la víctima "nunca habló mal de su mujer", incluso ha recordado que en dos ocasiones no pudo acudir con esta agente inmobiliaria a enseñar su casa porque "le tenía que hacer la manicura a su mujer".

La que sería la octava sesión del juicio se reanudará este viernes, a las 10.30 horas, con las declaraciones del segundo instructor del caso y amigos de los acusados.

Los hechos, según el escrito de conclusiones provisionales de la fiscal, son constitutivos de un delito de asesinato, por el que pide 20 años de prisión y una indemnización cuantiosa para las hijas del fallecido.

Las defensas del acusado piden la catalogación del delito de homicidio y 10 años de prisión con la atenuante de arrebato u obcecación, reconocimiento de los hechos y colaboración con la justicia; y la de la procesada solicita su absolución.

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