Captura del vídeo que se grabó el acusado que tenía la cámara de Alberto
Captura del vídeo que se grabó el acusado que tenía la cámara de Alberto. TWITTER / FOLLALDRE

Alberto, conocido como Follaldre en Twitter, es un traductor y guionista aficionado de Palencia que ha vivido su propia odisea legal tras perder su cámara en un vuelo.

El usuario vive en Londres y trabaja, entre otras cosas, traduciendo subtítulos para plataformas de streaming. El 6 de septiembre de 2018 voló a Barcelona para visitar el festival de Sitges, momento en el que se olvidó su cámara Black Magic en el asiento.

Tal y como narró en su cuenta de Twitter, la aerolínea le dijo en un primer momento que sí la habían encontrado, pero después declararon que no sabían nada de la cámara. Las respuestas de la compañía le hicieron sospechar que se la habían quedado, por lo que no cesó su búsqueda.

El 2 de noviembre, casi dos meses después de perderla, la encontró en Wallapop y acudió a una comisaria a modificar su denuncia de robo.

Durante todo este tiempo, Alberto ha tratado con los Mossos d'Esquadra, con la Policía Municipal y con la Guardia Civil para tramitar su denuncia, pero el palentino destaca la lentitud burocrática que ha retrasado el caso.

La Guardia Civil traspapeló el número de diligencia, lo cual fue un impedimento a la hora de aligerar el papeleo, pero, según declara al diario 20 minutos, no está decepcionado con las Fuerzas del Estado porque "los funcionarios fueron muy amables".

"Aunque coincidían tantas cosas, estaba clarísimo, entiendo que administrativamente, si no coincide el número de serie no es demostrable. Es lo que tienen que hacer", cuenta Alberto. "Hay demasiada burocracia y demasiado poco sentido común".

Finalmente, este 22 de mayo, tras siete meses, ha continuado su hilo en Twitter para declarar que, tras el juicio, ya había recuperado la cámara y se confirmaban sus sospechas, se la había robado un trabajador de la aerolínea.

Durante el juicio conoció a los dos jóvenes acusados que trabajaban para la compañía subcontratada por la aerolínea en la que viajó. El chico de la camisa blanca fue condenado por un "delito de receptación", pues fue quien se encontró la cámara y se la quedó. Sin embargo, el chico vestido con la camisa lila, que fue el responsable de poner el producto a la venta en Wallapop, fue absuelto porque no se podía demostrar que supiera que eran productos robados.

Tras conseguir su cámara, Alberto intentó recuperar sus archivos, pero lo que no esperaba era que encontraría también miles de fotos y vídeos de uno de ellos.

"Son dos chicos jóvenes, es un error y no me apetece joderles la vida, solo quería echarme unas risas", declara Alberto. Por ello, subió alguno de los vídeos más graciosos que encontró del chico que fue absuelto en el juicio, tapándole la cara, por supuesto.

El tuitero asegura que solo ha visto un 10% de lo que hay en la tarjeta, pero seguirá visionando el contenido que ha encontrado y, si encuentra algo destacable, lo compartirá en su hilo. Así que es posible que haya nuevo contenido del acusado intentando ser youtuber.

El cambio de número de serie de la cámara

"Me tiene con la mosca detrás de la oreja", ha declarado Alberto sobre una afirmación que le dio el Departamento de Investigación de la Guardia Civil del aeropuerto.

A pesar de que el caso ya se ha resuelto, él sigue dándole vueltas a que uno de estos agentes del aeropuerto del Prat le dijo que "habían visto una fotografía en la que el número de serie se veía muy claro y no correspondía" con su cámara. "Analizaron los metadatos y no correspondían", asegura que le dijeron.

Sin embargo, él se hizo pasar por una productora y le pidió un vídeo al vendedor de Wallapop para corroborar que los datos sí coincidían.

"Al final, la conclusión era que el número de serie estaba borroso y eso debería haber constado en la investigación", cuenta Alberto. "Ha habido mala fe a la hora de cambiar el número de serie".

Los robos en la aerolínea

La compañía subcontratada por la aerolínea se puso en contacto con él durante estos meses y los trabajadores con los que habló fueron muy amables, excepto en una ocasión.

"Un hombre, creo que era supervisor, fue el más arisco. Me dijo, básicamente, que tenían como política nunca confirmar hasta que el objeto llegara a objetos perdidos. Si no, puede ocurrir que se dice que sí y a la hora de la verdad no se han encontrado", explica Alberto.

El tuitero le contestó sorprendido por sus palabras: "Si en la cabina se dice que sí y luego no llega objetos perdidos, alguien se debería haber extrañado".

"Me pareció muy cantoso que casi me confirmaran que hay gente con las manos largas", argumentó Alberto. Aun así, destaca que, en general, la compañía fue muy amable con él.