Ascensión a El Piélago
Un redactor de 20 Minutos afronta la ascensión al toledano Puerto de El Piélago (1.223 metros), también conocido como Puerto de San Vicente (S. P.). S.P.

El puerto de Ancares es un paso montañoso de 1.670 metros de altura que separa las provincias de León y de Lugo.

Con varias vertientes para poder ascenderlo, en la que sube por la Braña de Pan do Zarco hay que superar 1.110 metros en 12 kilómetros. La pendiente media, necesariamente, es alta. Un 9,2% de media. Más duro, por ejemplo, que Alpe d'Huez o Larrau en cuanto a números.

Y por supuesto mucho más desconocido, porque la Vuelta a España jamás ha surcado sus pendientes. Los Ancares, la comarca de la que toma el nombre, no es tan rica como para contratar finales de etapa.

Tampoco la carrera se ha interesado. No muy lejos del Ancares, otro coloso como el Llano de las Ovejas espera su confirmación. Alguna carrera para amateurs lo ha subido. La Vuelta, de hecho, lo conoce; o casi. En su vertiente norte, la recoleta estación invernal del Morredero, a 1.730 metros, ya ha acogido dos finales (1997 y 2006).

Pero el asfalto sigue. Y sigue. Y rasga el cielo casi a 2.000 metros. Desde Ponferrada, 33 kilómetros de subida para afrontar una pendiente media del 4,3%. No tan duro por éste lado, pero largo hasta la asfixia. Por Corporales, la otra vertiente, son 18 kilómetros a una media del 6,1%, pero con multitud de rampas del 10%, el 11% y el 12%. Una letanía.

No sólo Ancares o Morredero

Y sin salir de los Ancares y La Cabrera encontraríamos muchos puertos más de gran nivel, pendientes extremas y alturas imposibles. Piedrafita, El Sestil, Las Gobernadas, Virgen del Valle, El Peñón,... Pero León no es una excepción.

Los cicloturistas, aficionados anónimos que disfrutan de la bicicleta como una herramienta de ocio, comparten experiencias y puertos en los que sufrir.

Muchas marchas de las que se organizan en la geografía nacional incluyen subidas ignoradas por la Vuelta, que mantiene su esquema en los diseños de las jornadas de montaña.

La Cordillera Cantábrica, los Pirineos, el Sistema Central... Muchos sistemas montañosos; y en ellos muchos puertos, perfectamente asumibles por una carrera, siguen olvidados para el ciclismo profesional. No para los cicloturistas, amantes y sufridores de unas pendientes que llenan de gozo al que las padece.

"Aquí no tenemos la montaña de Francia o Italia", respondía hace unos años Enrique Franco, ex director general de la Vuelta a España, a una pregunta sobre la orografía de la península. Una frase dañina para un asunto tan serio como el de las cumbres, esencia del ciclismo más intenso y emocionante.

La que hay, dura y variada, que puede ser racionada con la cordura que exige perseguir un nuevo ciclismo más humano, aún está por descubrir. Incluso en foros de Internet se han realizado diseños paralelos de los recorridos de una Vuelta criticada, dentro y fuera de las fronteras españolas, por su falta de atención hacia la montaña.