La alineación de un solo medio centro, el uruguayo Pablo García, en detrimento del doble pivote característico de la era Fernando Vázquez, dotó al cuadro vigués de un perfil más incisivo con la presencia de un media punta, el también charrúa Fabián Canobbio, y dos atacantes, los brasileños Nené y Fernando Baiano. Este cambio de estrategia sirvió para que el Celta saliera del descenso.