Un tatuador, en plena faena
Un tatuador perfecciona un balón de fútbol. ARCHIVO

No hay rostros en este reportaje: sus protagonistas supuran amor por sus equipos a través de la piel. Para Antonio, Marta o Miguel, animar a los suyos, celebrar sus goles o acompañarles por media España se quedó corto. Necesitaban algo más, perenne, eterno, un tatuaje.

"Pero, ¿estás loco?"

La primera reacción de la familia de Antonio de la Plaza fue lógica. No es un tipo dado a las locuras y de repente se presentó en casa con un tatuaje del Atlético de Madrid. Ocurrió en 2011, y él lo cuenta mejor: "Todo pasó cuando el Atlético ganó la UEFA. Hablé con un amigo tatuador y de un día para otro me lo hice. Fueron unas cuatro horas y luego lo he retocado bastante, poniendo la cara de mi hija y luego unas plumas. La verdad es que me gusta muchísimo".
Tatuaje del Atlético
"¡Olé tus c....!" Escucha algún fin de semana camino del Wanda Metropolitano para ver un partido de LaLiga Santander. "Al principio me daba un poco de cosa hacerme el tatuaje, porque nunca sabes con quién te puedes encontrar, pero luego al retocarlo todo queda más compacto y disimulado". Y además, tiene a su máxima admiradora en casa: "A mi hija le encanta. Ella seguro que se hará alguno en un futuro, pero ya veremos".

"El Celta, mi vida, mi casa"

Marta Paz es viguesa y céltica desde pequeña, desde que sus padres le dejaban con sus abuelos para ir a Balaídos y ella quiso probar la sensación cuando apenas se tenía en pie. 'Deja que venga, que se cansará pronto y no querrá volver', dijo mamá. Y la niña ya no se movió de allí.

"El Celta de Vigo es algo más importante que una afición. Gracias al Celta he conocido muchísima gente, he viajado, he tenido grandes experiencias con mi familia. Tengo varios tatuajes que representan las cosas más importantes de mi vida y no podía faltar el Celta. Ahora vivo en Madrid y ver al Celta por la tele es como estar en casa".

Tatuaje del Celta

Así que un día cualquiera en 2015, Marta y nueve amigos más entraron en la tienda de tatuajes para cometer una pequeña locura. "Cada uno se iba a hacer el que quisiera y yo elegí al Celta, una frase de su himno que me representa: Afouteza e corazón, un santo y seña en los territorios vigueses".

"Nunca me he arrepentido de llevarlo. Me encanta lucirlo y presumir de mi amor por el Celta. A mi padre no le gustó mucho, pero a mi madre le encantó. He pensado hacerme otro tatuaje, un triskel celta, pero eso todavía tengo que pensarlo un poco más".

Un homenaje a su padre

20 centímetros, casi todo el muslo, abarca el tatuaje del Málaga CF que porta orgulloso Antonio Salas. "He ido a La Rosaleda desde que era pequeño con mi padre. Él falleció en 2009 y dos años después me hice el tatuaje en homenaje a él. Dolió un poquito pero mereció la pena".

Tatuaje del Málaga

No abundan los aficionados a un equipo como Antonio. "Yo soy solo del Málaga CF, de ningún equipo más. He sufrido mucho por este club y lo llevo muy muy dentro. Imagínate que en mi casa no se ve a otro equipo en la tele que no sea el Málaga".


"Papá, enséñame el escudo"

La frase se repite en cuanto Miguel Matas entra por el pasillo y su hijo pequeño se le tira encima. El escudo es el del Real Betis, que Miguel se tatuó hace siete años por consejo de su mujer. "Yo ya tenía un tatuaje con el nombre de mis hijos y ella me animó a hacerme el del Betis, porque sabe lo que siento por este equipo".

Tatuaje del Betis

Miguel, al igual que todos, tiene claro que nunca se arrepentirá de llevar el amor por su equipo a flor de piel: "El tatuaje me encantó y no me importaría hacerme otro por el Betis. Quizás si gana un título me anime".

"Si me hiciera otro, también sería del Zaragoza"

Sí será del Real Zaragoza que Luis Gutiérrez ha formado parte de tres peñas del club, una de ellas fundada por él mismo: "Llevamos años viajando con el equipo y animándolo".

Tatuaje del Zaragoza de Luis

Fue hace hace dos décadas, más o menos, cuando Luis llevó a su piel el amor por unos colores. "Tenía ganas de hacer un tatuaje y sabía que sería del Zaragoza. Mi mujer tenía dudas pero al final me decidí. La verdad es que me dolió un rato y hasta me hizo sangre, pero me encantó y estoy muy orgulloso de él. Hay que tener en cuenta que entonces no estaban tan de moda ni eran tan populares como ahora". Luis, como el resto de compañeros tatuados, presume de obra de arte con orgullo: "Siempre lo enseño a la gente y si me tuviera que hacer otro, también sería del Zaragoza".

Un cuerpo convertido en lienzo

Un tatuaje en su muñeca recuerda el día más feliz en la vida de José Luis Hernández, el 20 de mayo de 1998, día de la séptima Copa de Europa del Real Madrid. Se prometió que sería uno y no más...pero se engañaba. "Después de aquel quise hacerme uno más grande y me hice uno en todo un costado, en el que aparecía el escudo como dentro de mi propio cuerpo, y después otro en el otro, pero pasó el tiempo y quise algo más grande todavía, por eso me cubrí la espalda". Ese último tatuaje le tuvo 20 horas en la mesa del tatuador, en cuatro sesiones maratonianas. Dolió mucho, pero aquello ya está olvidado y José Luis ya piensa en otro lienzo, esta vez cubriendo su pecho.

Tatuaje del Real Madrid

Su devoción madridista va más allá de la pintura en su piel. En su casa de Arroyomolinos, literalmente, ha constuido un museo: "He estado en las siete finales de Champions, tengo todos los balones, las entradas, viajo con el equipo, los jugadores me dan camisetas...y todo lo tengo bien colocado en mi casa. Quite los armarios, dejé mucho espacio... No es una pared con pósters, es un museo".

El tatuaje, un arte paso a paso

Joaquín Alfonseca, uno de los más reconocido tatuadores de Madrid e instalado en Alcalá de Henares, nos cuenta paso a paso el proceso de un tatuaje:

1.Se recibe al cliente y se le aconseja sobre la elección de la zona y anatomía más apropiada para el diseño escogido.

2.Se prepara la zona escogida mediante limpieza con agua y jabón especial, rasurado con cuchillas desechables y desinfección mediante desinfectante cutáneo especial. Después, se transfiere el diseño a la piel mediante un gel transfer y ya está listo para comenzar a tatuarse.

3.Se prepara la mesa de trabajo con materiales estériles y/o de un solo uso: toallitas, campos estériles, guantes estériles, jabón quirúrgico, vaselina, máquinas de tatuar (dermógrafo) y bálsamos, agujas, grips, tips, pigmentos, etc. Una vez conectado todo el instrumental eléctrico a la fuente de alimentación y comprobado los parámetros de velocidad y profundidad de la punción, el tatuador comienza a tatuar.

4.La técnica se basa en tatuar la piel a base de leves punciones mediante la aguja del grosor escogido acoplada en la máquina de tatuar (dermógrafo), el tip o punta se va cargando de tinta, y ésta se va depositando en las leves punciones que se van realizando. El procedimiento discurre según el orden estipulado por el tatuador, siendo comúnmente este orden: primero el delineado, segundo las sombras y texturas y tercero el color, respetando un orden al aplicar cada color por separado.

5.El procedimiento hasta finalizar es lento y cuidadoso para garantizar un correcto acabado y respetando la piel al máximo. Se procede al último lavado a fondo con jabón dermatológico antiséptico apropiado y protegido por una crema especial y film plástico osmótico. Por último y no menos importante, el tatuador le facilita al cliente todas las indicaciones para proceder en los próximos días a la curación y cicatrizado de su tatuaje.