Gol del Schalke al Madrid
Los jugadores del Schalke celebran un gol al Real Madrid ante Sami Khedira. EFE

A un gol de la eliminación. Sufriendo hasta el segundo final ante un equipo menor. Así fue el pase para cuartos de final de la Champions (3-4) del peor Real Madrid que se recuerda, una clasificación que rozó lo vergonzoso. La humillación estuvo cerca, y fue lo que mereció un equipo sin alma ni juego.

Pese a llegar con una renta importantísma, un 0-2 fuera de casa, los blancos casi se quedan fuera en lo que hubiera supuesto una de las peores noches europeas de la historia del club. Jugadores desconectados, con los brazos caídos, la mirada pérdida y sin fútbol ni ganas de practicarlo es lo que se vio en un Bernabéu que despidió al equipo con una pitada de época.

Khedira y Coentrao volvieron y fueron un desastre

La primera parte de los de Ancelotti fue de lo peor que se recuerda en años. Puede sonar exagerado, pero eso es lo que sucedió en los primeros 45 minutos en los que se vio a un equipo infame, sin juego ni ganas superado por un equipo claramente inferior.

La apatía de los blancos fue aprovechada por un Schalke que no tenía nada que perder y que se aprovechó de las facilidades que dio su rival. Tocó sin presión en el medio, llegó al borde del área sin apenas oposición y solo su limitada capacidad ofensiva le privó de marcar antes.

El Madrid naufragó en el medio con un Khedira esperpéntico y un Isco desaparecido, perdió infinidad de balones en la salida con los laterales (mal Arbeloa, peor Coentrao) y los tres de arriba estuvieron desconectados como en los últimos partidos.

Tras varios disparos sin peligro desde la frontal, llegó el tanto de Fuchs. Subida del lateral izquierdo, que tuvo un pasillo durante toda la primera parte, y su disparo no lo detuvo Casillas pese a que le fue a las manos.

Los nervios aparecieron en un Bernabéu perplejo y en los jugadores, que veían cómo era posible una remontada de los alemanes pese al favorable resultado de la ida. Y en esas apareció Cristiano, por enésima vez. Saltó a la salida de un córner, remató el balón al fondo de la red y lo celebró con furia.

El partido no cambió ni un ápice, con un equipo que sonaba a risa que fuera el vigente campeón de Europa superado en cada punto del campo por el Schalke. Huntelaar avisó con un trallazo al larguero, y el segundo llegó en otro error defensivo del  Madrid, un mal despeje de Casillas que dejó el balón franco al holandés, que no perdonó.

A un gol de la eliminación, volvió a surgir la figura de Cristiano. Un gran centro de Coentrao lo remató Cristiano aprovechando la debilidad de la defensa alemana para marcar el segundo. Del mal, el menos, el empate era un fantástico resultado para lo que se había visto en el campo.

Con Bale ya en el centro del campo, el Madrid se mostró algo más sólido. Sin jugar de manera brillante, controló algo más el partido y llegó algo más. Benzema, demostrando su frialdad en el área, marcó el tercero que daba una tranquilidad a priori, pues un remate lejano de Sane se coló en la meta ante un Casillas que hizo la estatua en su noche más negra.

Modric entró al campo con media hora por delante y el Madrid mejoró sustancialmente bajo la batuta del croata que tanto ha echado de menos, pero el equipo seguía sin alma, con los brazos bajados. Y en un balón muerto rechazado por el propio jugador croata Huntelaar fusiló la meta de Iker, tocaba sufrir, un gol dejaba fuera a los blancos. Fueron diez minutos de agobio, pero el tanto no llegó. El equipo estaba en cuartos, aunque por el camino perdió el orgullo.