Nacho Dean posa para '20minutos'
Nacho Dean posa durante la entrevista con 20minutos. ELENA BUENAVISTA

Un buen día, Nacho Dean se levantó y decidió que quería dar la vuelta al mundo caminando. Fue, como él mismo explica, "como un sueño". Y así fue como se embarcó, en 2013, en la que parecía la aventura de su vida: dar la vuelta al mundo andando. Lo hizo en solitario y durante nada menos que tres años. Sin embargo, el malagueño es de esas personas que no tiene freno, que al acabar un reto sobrehumano ya está pensando en el siguiente. Tras algo más de un año de pausa, Nacho ya estaba embarcado en otro proyecto loco, descabellado. Esta vez daría la vuelta al mundo a nado, cruzando los cinco continentes: la Expedición Nemo. Tras mil y una aventuras, lo completó en un año. Solo hace algo más de tres meses que lo terminó, pero les podemos adelantar que ya está pensando en otro reto más...

De dormir entre lobos ha pasado a nadar entre tiburones. De su primera experiencia recuerda con una sonrisa (ahora, por supuesto, a toro pasado) aquella noche rodeado de lobos en un desierto australiano."Escuché aullidos alrededor de la tienda, estaba en mitad de la nada. Y claro, no duermes mucho. He dormido en bosques con osos en Eslovenia también. Por la noche lo que tiene es que no ves, y la imaginación se dispara", cuenta a 20 minutos Dean.

Esta vez estaba acompañado, pero no solo por personas. Lo durísimo de su último reto no solo ha consistido en la distancia (la travesía más larga fue Papúa, con 22 km), también en el escaso descanso entre cada reto, en el calor, en la humedad. "Y en la fauna marina. Aquí en Gibraltar nadas y bueno, hay delfines, ballenas. Pero allí había cocodrilos, medusas, tiburones... es otro cantar", relata Nacho, que en su cara se ve la dureza del desafío, lo mal que lo pasó. "La sensación es que en cualquier momento puede salir algo del mar y morderte. Imagina la sensación de angustia, de tensión, deseando llegar a tierra lo antes posible".

Y sí, por muy superhombre que parezca, la idea del abandono pasó por su cabeza. "En la travesía de Papúa fue la única vez que me planteé abandonar, es la travesía mas difícil que he hecho nunca. Estaba hecho polvo. Pero luego dices voy a intentar dar una brazada más, y otra más, y luego otra. Vas continuando y lo consigues. Hasta se tiraron dos miembros del equipo conmigo. Ocurrió además una cosa. Me dijeron que la frontera estaba a 10 kilómetros, y cuando llegue me dijeron que 12 más. Y 22 nadando cuesta".

La aventura del malagueño ha consistido en cinco travesías. El Estrecho de Gibraltar (uniendo Europa con África), la travesía Meis-Kas (de Grecia a Turquía, Europa con Asia), de Indonesia a Papúa-Nueva Guinea (Asia con Oceanía), el Estrecho de Bering (Asia con América) y el Estrecho de Áqaba (Asia con África).

"En esta ocasión he llevado equipo, unos cámaras para grabar un documental. Cuando estás solo echas en falta compañía, compartir las cosas. Con gente compartes, es diferente, y la gracia de la vida es compartir las cosas. Eso sí, yo estaba acostumbrado a viajar solo y tienes que aprender a llegar a acuerdos", explica Nacho. Y esa es una de las claves de esta Expedición Nemo, el documental. "Les interesa que ocurran tragedias, cosas graves, que te muerda un pez", explica divertido. "¡Y yo lo que quiero es todo lo contrario, que vaya fluido y rodado!", ríe.

Los méritos de Nacho son infinitos. Para empezar, este reto nada tiene que ver con el anterior, pues el agua no es precisamente su hábitat natural. "En caminar tenía mucha experiencia, pero yo no era nadador. Tuve que entrenar muchísimo, más de 2.500 km para la Expedición Nemo", explica.

"¡Hacer esto no se lo recomiendo a nadie, ni a pie ni nadando! Yo lo hago porque me apasiona, me gusta la aventura, me encanta viajar, ponerme desafíos. Lo hago para demostrar que no tenemos límites y también para lanzar un mensaje de conservación del planeta". Y ahí está la clave. El gran motivo por el que decidió embarcarse en este nuevo reto. Si la vuelta al mundo a pie la hizo "para documentar el cambio climático", en esta ocasión lo ha hecho "para lanzar un mensaje de conservación de los océanos".

Las preguntas entonces son obligadas. ¿Merece la pena el esfuerzo? ¿Le llega el mensaje a la gente? "Yo creo que sí. Hago todo lo que está en mis manos. Mientras hago la expedición voy documentando los ecosistemas que recorro y luego hago una labor de divulgación a través libros, dando conferencias, entrevistas. Sí llega, vamos sumando entre todos. Cada vez hay más concienciación, aunque después se debe de actuar".

Lo que sí aclara es que él no es un loco, ni un temerario. "La seguridad es lo primero, pese a que suene raro. Me gusta el riesgo, pero controlado, no busco la muerte", explica. "Para eso me encargó yo de organizar las cosas bien, entrenar, planificar, cubrirme las espaldas para que sea lo más seguro". Su familia respira un poco más tranquila.

BIO: Nacho Dean

Malagueño de 38 años estudió Publicidad y Relaciones Públicas. Después se hizo Técnico en Medio Ambiente. En su libro ‘Libre y Salvaje’ cuenta cómo fue su experiencia al dar la vuelta al mundo andando. Ahora, prepara un documental y otro libro sobre su última experiencia, la Expedición Nemo.