Empate en el Bernabéu a pesar de que el Osasuna jugó con diez durante una hora

Un gol de Roberto Soldado a cinco minutos del final le dio el empate al Real Madrid (1-1) contra un Osasuna que, jugando casi todo el partido con un jugador menos, planteó un partido basado en la fuerza física en busca del empate, lo que deja al Barcelona aún más líder de Primera División.
El delantero del Real Madrid Soldado celebra junto con su compañero Zidane el gol del empate (EFE)
El delantero del Real Madrid Soldado celebra junto con su compañero Zidane el gol del empate (EFE)
La primera mitad fue una de las que menos fútbol ofreció en la presente temporada en el Santiago Bernabéu. Y no por la calidad de los dos equipos, sino por la cantidad ingente de interrupciones que hubo.
Seis tarjetas amarillas, una expulsión, veintiuna faltas, dos lesiones y diecinueve minutos de tiempo real. Demasiado para el espectáculo.

Pese a todo se pudo empezar a vislumbrar el Real Madrid de López Caro. Un equipo que juega mucho más junto que antaño, con la defensa adelantada arropando a los dos medio centro. Y arriba, dos futbolistas pegados a las bandas (Robinho y Beckham), un enganche y un delantero centro.

Fue lo único que ofreció la primera mitad junto a un Osasuna que supo perfectamente a qué venía al Bernabéu. Javier Aguirre, viejo zorro, tejió una tela de araña en el centro del campo de la que era prácticamente imposible salir, por lo menos con la pelota en los pies. Robinho, Guti y Baptista dieron fe de ello, y el Real Madrid sólo disparó a puerta una vez entre los tres palos.

Fue una primera mitad fea. Sin ritmo. La expulsión de Puñal por un claro codazo a Roberto Carlos a los diecisiete minutos fue el detonante de otros treinta de juego anodino e interrumpido. Entre medias, una galopada de Ronaldo, un disparo de Baptista y otro de Webó.

Y lo que es peor, la segunda mitad fue un calco de la primera. Una lucha cuerpo a cuerpo entre un equipo, el Real Madrid, que se puso el mono de trabajo y otro, el Osasuna, que nunca se lo ha quitado. Así ha conseguido llegar a este encuentro desde lo más alto de la clasificación con un tremendo mérito.

Y entre los rojillos, un nombre propio: Savo Milosevic. Hizo un partido de estrella. El solo tuvo en jaque a media defensa del equipo madridista. Controló el balón, empujó a su equipo al ataque y monopolizó las jugadas ofensivas de su equipo, que siempre le buscó cuando las cosas se ponían feas.

Y ahí llegó el que era el golpe de efecto a la Liga. Con uno menos desde la primera mitad, un error de Iván Helguera le dejó el balón en bandeja al futbolista balcánico, que no desaprovechó su primer disparo a puerta para anotar el 0-1 y dejar el Bernabéu helado.

Pero con el equipo hundido apareció la luz para guiar a los suyos. Y ese fue Zidane. El francés, que con su presencia hace mejores a sus compañeros, se inventó un control-asistencia con la pierna izquierda a Soldado que el canterano no desaprovechó. Porque no se es el máximo goleador de Segunda División por arte de magia y porque en cuanto le han dado oportunidades en el primer equipo ha cumplido con goles.

Los últimos cinco minutos fueron en una dirección, con el Real Madrid herido en busca de una victoria basada en la garra y poco más. Helguera tuvo el empate pero Ricardo respondió bien en la prolongación. Al final, el Real Madrid, pese al empate, no se llevó la bronca de la afición que aplaudió su entrega.

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