Madrid 2020
Vista de uno de los soportes publicitarios, con la Biblioteca Nacional al fondo, que el Ayuntamiento de Madrid ha instalado por las calles de la ciudad con el fin de captar voluntarios para la candidatura olímpica Madrid 2020. EFE

A pocos días de conocer el nombre de la ciudad que albergará los Juegos Olímpicos de 2020, España entera espera la cuenta atrás con expectación, confiando en que ahora sí se cumpla el dicho de "a la tercera va la vencida" y no el que avisa de que "no hay dos sin tres".

En la ciudad de Buenos Aires, donde el Comité Olímpico Internacional (COI) elegirá el próximo día 7 la sede de los Juegos de 2020, trabaja ya una delegación a la que se sumará este lunes el Príncipe de Asturias y el mismo día 7 el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, procedente de la cumbre del G20 que se celebrará en San Petersburgo el 5 y el 6.

Ya están en la capital argentina, entre otros, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y el presidente de la candidatura y del Comité Olímpico Internacional (COE), Alejandro Blanco, dando los últimos pasos de una carrera que Madrid inició hace más de una década y que hasta ahora ha tenido dos decepciones en las candidaturas de 2012, que se llevó Londres, y 2016, que ganó Río de Janeiro.

Los representantes del proyecto español muestran satisfacción por el trabajo realizado, que esperan que haya corregido los errores que pudieron llevar a descartar Madrid en las anteriores citas, y un optimismo contenido por los halagos recibidos hasta ahora por parte de COI y muchos de sus miembros, que han transmitido a la delegación madrileña "muy buenas sensaciones", tal y como reconoció recientemente el propio Príncipe de Asturias.

En todo caso, todos prefieren no lanzar las campanas al vuelo conscientes de que la decisión depende de poco más de un centenar de miembros del Comité Olímpico Internacional

Puntos fuertes de Madrid

Desde que la alcaldía de la capital, con Alberto Ruiz-Gallardón todavía al frente, y el Comité Olímpico Español (COE) decidieron dar de nuevo el paso, Madrid 2020 empezó su diseño con el concepto "smart" como idea inicial y el convencimiento de que el proyecto debía ser una candidatura fundamentalmente del deporte.

El momento de crisis económica generalizada y su especial incidencia en España ha sido uno de los argumentos que los responsables del proyecto han tenido que rebatir desde su puesta en marcha, más aún cuando el gobierno italiano no autorizó la presentación de Roma con el proceso de elección ya iniciado.

El presupuesto de Madrid se define como "realista y conservador". Sus cálculos prevén 2.418 millones de euros (3.096 millones de dólares) para el montaje de los Juegos, 1.516 millones (1.940 millones $) para la construcción y adaptación de instalaciones y 150 millones más (192 millones $) para servicios como seguridad, sanidad o aduanas.

España cuenta ahora con una nueva ley antidopaje y sin la sombra de ETA

La capital ha incidido en dejar claro al COI el reparto de competencias entre las tres administraciones, local, autonómica y estatal, y su implicación en el proyecto para despejar las dudas que el COI mostró antaño.

El proyecto rentabiliza las instalaciones deportivas que ya existen —el 80% de las requeridas— y "ha mejorado significativamente las propuestas anteriores, aumentando el uso de sedes existentes".

Divididas en dos zonas, Campo de las Naciones y Río Manzanares, Madrid presume de tener que construir sólo cuatro sedes permanentes nuevas para gimnasia, tiro, remo y piragüismo aguas bravas.

La capital ofrece lugares emblemáticos como el Santiago Bernabéu y originales como Las Ventas, sede propuesta para la competición de baloncesto y que ya se ha transformado para acontecimientos deportivos como la final de la Copa Davis 2008, o el estanque del retiro sobre el que 'flotará' el estadio de voley playa.

La capital llega al examen final del COI avalada por la nueva normativa antidopaje, que recibió pegas en el intento de 2016, y sin la sombra del terrorismo ETA, aspecto que salió a la luz en la elección 2012 con pregunta incluida del príncipe Alberto de Mónaco.

La amenaza de Tokio

En caso de imponerse el día 7 en la elección del COI en Buenos Aires, Tokio celebraría en 2020 unos Juegos Olímpicos en un entorno urbano centralizado que busca condensar y vigorizar el ambiente festivo y deportivo y la comodidad en los desplazamientos.

Pese a lo extensa que es la ciudad más poblada del planeta, Tokio celebraría la mayoría de los Juegos en un radio de apenas 8 kilómetros, dada la proximidad entre sí de la mayor parte de las instalaciones para las pruebas (el 61% de las cuales habría que construir) y la Villa Olímpica.

De las 37 sedes, 28 estarían situadas en el centro de la ciudad, incluido el futuro e imponente Estadio Nacional de Kasumigaoka (80.000 espectadores), que proyectará la arquitecta Zaha Hadid sobre la base del actual Estadio Olímpico —erigido para los Juegos del 64— y en el que se jugará el Mundial de Rugby de 2019. Kasumigaoka acogería las ceremonias de apertura y clausura, el atletismo, y partidos de fútbol y rugby.

El alojamiento en Tokio es el más caro de las tres candidatas: un hotel de tres estrellas sale por 430 euros de media

Además de este recinto, otras seis instalaciones ya existentes (como los Gimnasios Nacional y Metropolitano o el estadio de sumo Kokugikan y el estadio Budokan de artes marciales), estarían situadas en la llamada "zona patrimonial", que corresponde al núcleo de los JJOO de 1964.

A nivel financiero el despliegue sería aparentemente viable, puesto que el coste del evento se estima en unos 2.500 millones de euros, un monto que las autoridades y entidades niponas ya tienen asegurado, incluyendo otros 200 millones para contingencias.

Los precios del alojamiento serían probablemente los más caros de entre las tres candidatas (el COI estima que la doble en hotel de tres estrellas saldría por unos 430 euros de media, frente a los 213 de Madrid).

Por otra parte, la capital de Japón apela al "espíritu cívico" de los japoneses, a su baja tasa de criminalidad y a unos 51.000 efectivos para garantizar la seguridad durante la competición.

En resumen, Tokio cree que puede organizar "unos Juegos de muy bajo riesgo", mientras el COI ha admitido que la organización tomaría medidas "robustas" en lo referente a construcción e infraestructura frente a posibles terremotos.

No obstante, los cuantiosos vertidos de material radiactivo al Océano Pacífico desde la accidentada central nuclear de Fukushima no entran en ninguna estimación ni de la organización ni del COI.

Estambul, la tercera en discordia

Un estadio en forma de herradura se abre hacia el Bósforo. Aquí, sobre el agua, explotan los fuegos artificiales y suenan los tambores, en una inauguración olímpica celebrada en un estadio en Asia pero que podrá ser vista por cientos de miles de personas también en la orilla europea del Bósforo.

Esa imagen de unos Juegos realizados a la vez en dos continentes es la punta de lanza del despliegue visual de la candidatura de Estambul 2020, que ha puesto gran parte de su peso en la riqueza histórica y la hermosa ubicación geográfica de la ciudad.

De momento, a la espera de que el 7 de septiembre el COI anuncie en Buenos Aires qué ciudad acogerá la edición 23 de los Juegos Olímpicos, no se ve gran cosa de las múltiples instalaciones que promete la candidatura.

La red de transporte de Estambul es complicada y escasa en comparación a MadridCuenta por ahora con un estadio de fútbol y uno de voleibol. La zona costera donde se ubicarán una cancha de voley playa, un campo de tiro con arco, un espacio de remo y el mencionado Estadio del Bósforo, para ceremonias y maratón, es aún un puerto comercial con febril actividad de grúas.

Pero esto cambiará a corto o medio plazo: hay que "devolver la orilla a las ciudadanos", proclaman los responsables de Estambul 2020, con la idea de que revalorizar esa zona, ubicada junto a los barrios más populares y de mayor vida nocturna y comercial.

En la orilla europea de este círculo central, el viejo estadio de fútbol del Besiktas está siendo reformando ya para acoger las competiciones de rugby.

Los atascos son habituales en Estambul y su red de transporte urbano es complicada y escasa en comparación a Madrid. Pero esto cambiará: este otoño se inaugurará el Marmaray, el túnel ferroviario bajo el mar de Mármara que acortará los viajes entre la parte europea y la asiática y acabará, al menos en parte, con la eterna congestión de los dos puentes sobre el Bósforo.