Messi
Messi, lamentándose. EFE

En el fútbol, como en todo, la suerte juega un papel fundamental.

El sábado jugaban los dos grandes de la Liga y, tras acabar ambos partidos, quedó claro que el mano a mano que protagonizan en el campeonato doméstico va para largo. Poco importa la crisis blanca o el rodillo culé. El estar inmersos en varias competiciones hace que se cometan errores inesperados. Fruto del cansancio -físico y psicológico-, son imprevistos que pueden dar un golpe de efecto de cara a futuros compromisos.

Los 80.000 madridistas que abarrotaban el estadio pasaron de juzgar a los suyos a salir en su defensa

Es lo que le pasó al Barça en Pamplona. Se dejó empatar en el tiempo de prolongación y lo hizo con una carambola, con un autogol de Piqué. En ese momento, y con el Madrid habiendo ganado al Getafe, los 3 puntos de colchón del líder sobre los blancos se reducían a sólo 1. Pero para llegar hasta ese momento se habían tenido que vivir dos partidos enteros, el de Pamplona y el del Santiago Bernabéu.

Y lo que ocurrió en casa de Osasuna fue que el Barça no supo sentenciar a un equipo herido. También tuvo que ver, y de eso se queja la prensa catalana, la actuación de Rubinos. Sobre todo en la acción entre Ibrahimovic y Flaño. El sueco encaraba la portería rojilla cuando el jugador local le 'cazó'. Rubinos no pitó ni falta, en lo que pudo haber significado la expulsión del jugador de Osasuna y un vuelco lógico del partido.

En Chamartín, el Madrid no dio muestras de recuperación. Todo lo contrario. Pellegrini tuvo que encomendarse al 'apagafuegos' blanco, el 'Pipita' Higuaín. El argentino respondió como casi siempre, con goles y espectáculo, reivindicándose en un equipo en el que parece que sólo tiene hueco cuando la situación es extrema. Dos goles y 3 puntos ante un blando Getafe. Claro que aquí también tuvo mucho que ver la actuación de Mateu Lahoz, que expulsó a Albiol ante el estupor de todos. La reacción en el Madrid no se hizo esperar. Esa acción revolucionó al público y al equipo, que salió de su letargo. El Madrid cambió y con él, el partido. El equipo de Pellegrini se sintió herido y los 80.000 madridistas que abarrotaban el estadio pasaron de juzgar a los suyos a salir en su defensa.

Victoria de un mal Madrid y empate de un buen Barça. La Liga sigue abierta.