La ley del tetracampeón
Marcelo (dcha.) pelea con Morgado por el control del balón durante la final del Europeo. (J. Abreu Miranda /EFE).

La selección española de fútbol sala revalidó en Portugal su vigente título de campeona de Europa y sumó su cuarto título continental, después de los logrados en 1996, 2001 y 2005, a costa de una Italia plagada de jugadores brasileños nacionalizados.

El equipo de José Venancio López, en el primer gran torneo del técnico vasco tras sustituir a Javier Lozano al frente del banquillo español, ofreció en la final su mejor imagen de todo el torneo, con una defensa muy sólida y un contragolpe muy efectivo.

Si se sufrió ante el descaro de Serbia o el acierto de Rusia en la fase de grupos, la eliminación de Portugal en las semifinales de su torneo desde el punto de penalti –tras remontar un 2-0 en los últimos minutos– sirvió de revulsivo para los dobles campeones del mundo (2000 y 2004), más concentrados durante la final.

El temprano gol de Marcelo facilitó el partido para España, lo que obligó a Italia a adelantar sus líneas cada vez más a la desesperada. Amado, mientras, aparecía en los pocos despistes de una España que remató al contragolpe.

La roja de las dos estrellas

Hasta ayer, la selección española de fútbol sala no estrenó la misma camiseta con la que el equipo de Luis Aragonés derrotó a Suecia y logró su clasificación para la Eurocopa 2008; siempre ha sido habitual que el fútbol sala vista igual que el equipo absoluto del fútbol 11. Pero una particularidad, para envidia del fútbol grande, distingue al equipo «de sala»: las dos estrellas que luce sobre el escudo y que le reconocen como doble campeón mundial. «Han jugado como campeones del mundo», señaló Alessandro Nuccorini, técnico italiano.