Aleix Vidal
El ya ex defensa del FC Barcelona Aleix Vidal celebra un gol marcado ante el UD Las Palmas. EFE

Jovetic, hijo montenegrino de Los Serrano, ya forma parte del santoral sevillista sin necesidad de completar dos encuentros. Su gol en el tiempo añadido dio la victoria al Sevilla y dejó en cuarenta la racha madridista de partidos invicto. Tan importante como eso es que el equipo de Sampaoli (suyo por contrato y por contagio anímico) se encuentra a un solo punto del liderato, lo que otorga credibilidad definitiva a su asalto al poder. Cuidado con los locos porque, en ocasiones, tienen razón.

No olvido que el Real Madrid tiene una cita pendiente contra el Valencia. Lo cierto es que no olvido nada. Ni el control madridista en la mayor parte del duelo, ni el atrevimiento táctico de Zidane, ni el penalti que rompió el equilibrio, ni tampoco el gol de Sergio Ramos en propia puerta que rescató al Sevilla. Juro que lo pensé mientras jugaban: de existir un guionista, resolvería esta historia con un gol de Ramos. Es obvio que subestimé al gremio de los guionistas.

Hasta donde existió la lógica, el partido se puede contar a partir de la igualdad máxima de dos equipos que se parecen más de lo que imaginan. El empate a cero, tan denostado, fue un resultado honorable hasta que Carvajal rompió la pizarra. A partir de entonces, todo se resquebrajó. El Sevilla recuperó lo que mereció en la Copa y el Madrid pagó la fortuna de tres días antes. El fútbol es como la vida. Hay que tener más cuidado con el cielo que con los árbitros.

En la victoria del Barcelona sobre Las Palmas lo más reseñable fue el gol de Aleix Vidal, que disputó su segundo partido en lo que va de Liga, y van 18. Luis Enrique, responsable del castigo y del indulto, tuvo el coraje de reconocer que el futbolista "le ha quitado la razón al entrenador". Ahora solo queda saber cuáles eran los motivos del técnico. Y una confusión similar genera el caso Rakitic. De ser cierto que ni club ni jugador se plantean el traspaso, se entiende mal que haya perdido la titularidad. No es fácil encontrar centrocampistas que, sin criarse en La Masía, sean capaces de asociarse con los genios en ebullición, basta ver a André Gomes.

No olvido que el Real Madrid tiene una cita pendiente contra el ValenciaEn el Calderón lo mejor se sirvió antes del pitido inicial. Los futbolistas del Atlético saltaron al campo acompañados de sus socios más veteranos. Además de magnífica, la sorpresa debió ser inquietante, ya que los viejos aficionados, bastones incluidos, llegaron hasta el túnel de vestuarios con los ojos vendados. El homenaje, que equivale a una revisión cardiológica, se completó con el gol de Gaitán y el triunfo ante un Betis sin colmillos.

Algo más lejos, en Gabón, entró en acción otro de nuestros equipos asociados: la selección gabonesa. El equipo que entrena José Antonio Camacho se dejó empatar contra la modesta Guinea Bissau en la inauguración de la Copa de África. La bronca consiguiente, transmitida por el atónito traductor, debió ser un momento fascinante y esperamos que irrepetible por la proliferación de victorias.

Con independencia de la jornada nacional e internacional, hay otros asuntos que conviene puntualizar. Cuando decimos que el Barça negocia la renovación de Messi equivocamos los términos: es Messi quien se está pensando si renovar al Fútbol Club Barcelona. Y el jugador actúa desde esa superioridad. El club no hizo otra cosa que admitirlo al destituir de modo fulminante a un directivo que osó exponer una evidencia: Messi es todavía mejor gracias a los futbolistas que lo rodean. La frase no se discute si se viste de albiceleste, pero al barcelonismo gobernante le pareció una insinuación peligrosa que podría ofender a Leo, especialmente durante una negociación que más bien parece una rondalla con Bartomeu vestido de tuno. El mensaje es claro: quien no esté dispuesto a proclamar la supremacía mundial de Messi es un traidor.

En la victoria del Barcelona sobre Las Palmas lo más reseñable fue el gol de Aleix Vidal

El fenómeno, y nunca mejor dicho, no es exclusivo del Barça. La insistencia del Real Madrid por señalar a Cristiano como el mejor futbolista del mundo se explica de la misma manera. Obviar la cuestión, que sería lo más elegante y sincero, se considera un favor al Barcelona y un desprecio al crack propio, que podría molestarse. Son las estrellas, bajo la permanente amenaza de dejar de respirar, las que condicionan los movimientos de instituciones centenarias. Sobra el dinero (en fajos o en jeques), pero escasea el talento. Y la dignidad.

Es una evidencia que los grandes clubes no han sabido poner en valor su historia. El prestigio de entidades como el Real Madrid o el Barcelona, siempre próximas a los títulos, debería ser aceptado por los jugadores como un complemento salarial, de tal manera que fueran ellos quienes estuvieran dispuestos al sacrificio económico, y no la parte contratante.

Lo admito. Lo que planteo necesitaría de una dosis de idealismo que tal vez no exista en la Vía Láctea. China atrae a futbolistas de primer nivel sin otra promesa que la proliferación de ceros en el contrato. Diego Costa podría ser el último caso. Se ha bla de una oferta de 35 millones de euros para el delantero que dejaría cien en las arcas del Chelsea. Que el equipo sea líder de la Premier y esté muy bien orientado para ganarla es una cuestión menor.

Lo que no saben algunos adinerados es que hasta los billetes pesan. Guardiola fracasa en el City y las críticas que recibe no son crueles: solo proporcionales al sueldo y al dinero invertido en sus fichajes (Stones, 50 millones; Bravo por Hart). Y lo mismo sirve para Mourinho (Pogba: 120 millones). Los juicios han de hacerse en función de los recursos y los rendimientos. Por eso no cabe reproche a las ambiciones de Messi o Cristiano, porque ellos justifican deportivamente sus ganancias. El reproche es para los clubes que se dejan someter.

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