Guardiola
Guardiola, en la banda. EFE

A Pep Guardiola se le encasquilló en casa, ante el Atlético de Madrid, la última bala, la que necesitaba para dejar al Bayern Múnich luchando en Milán por la Liga de Campeones, el único gran título que no ha logrado al frente del poderoso club bávaro.

Era el tercer asalto de Pep a una final de la Liga de Campeones, en sus tres temporadas dirigiendo al Bayern y su última oportunidad, antes de despedirse del equipo en dirección a Manchester.

Que hasta ahora se hubiera estrellado en dos equipos españoles, primero el Real Madrid en 2014, con un global de 0-5, y luego el Barcelona (3-5), había generado los previsibles ríos de tinta, especialmente en Alemania, respecto a una maldición española.

Los medios del país llevaban insistiendo en ello hasta la obsesión y la presión sobre Guardiola rayaba lo insostenible.

La presión sobre Guardiola rayaba lo insostenible

Al final, en Múnich, parecía que lo realmente relevante y lo que estaba en juego en la eliminatoria contra los de Diego Simeone era si el técnico se iba o no al Manchester City con el diploma de excelencia.

Una especie de "si o no a Guardiola", como dando por hecho que tarde o temprano el Bayern volverá a ganar una 'Champions'.

En cambio, Pep se quedó sin el triplete para el Bayern como el que logró su antecesor Jupp Heynckes, en 2013, precisamente en su despedida.

A Guardiola se le disparó cierta arrogancia cuando sostuvo tras la derrota por 1-0 en el Vicente Calderón que le quedaba una bala para la vuelta.

La frase le persiguió hasta el partido, en forma de titulares y fotomontajes en la prensa popular muniquesa -"Abendzeitung"-, con un Pep a lo pistolero.

Muy a la defensiva se le vio luego al asegurar que tenía "el gran culo" -por suerte- de haber ganado muchos títulos, tanto con el Bayern como con el Barcelona, la víspera del partido definitivo ante el Atlético.

Con toda la artillería

Salió con todas sus balas, empezando por Thomas Müller, al que no había incluido en el once titular a la ida, lo que le generó una tempestad de críticas en Múnich, así como Franck Ribéry y Jérôme Boateng, más Robert Lewandowski, Arturo Vidal y Douglas Costa.

No faltaba ni un sólo nombre de la nómina de incondicionales y la primera bala del partido vino justamente de un español, Xabi Alonso, que firmó el 1-0 en el minuto 31.

El encargado de darle el gran disgusto, aún en el primer tiempo, fue nada menos que ese teórico incondicional y a la vez imprevisible Müller, al fallar un penalti.

Por las mismas que se supone que el Bayern volverá a tener un año de estos otra 'Champions', tal vez incluso con Carlo Ancelotti, se parte de la base de que Müller sobrevivirá al propio enojo del penalti que le paró Jan Oblak.

Para ayudarle un poco le queda el fallo de Fernando Torres en otra pena máxima, cuando el Bayern vencía por 2-1.

Antoine Griezmann echó por tierra las cábalas de la última bala con su gol; el siguiente de Robert Lewandowski sirvió de bálsamo en la Allianz Arena para los locales, pero no para cambiar el desenlace.

Al final no fue la noche de Pep, sino la del "Atleti, yo te amo", el clamor que resonó en el estadio, como lo había hecho en el corazón de Múnich con la llegada a la capital bávara de la animosa afición española.

Guardiola se irá del Bayern con un excelente balance en la Bundesliga y en la Copa de Alemania, aunque la revolución aplicada en el club bávaro no le ha alcanzado para conseguir un triplete a lo Jupp.