Tania Lamarca
Tania Lamarca posa para 20 minutos. (JORGE PARÍS)

Con la mirada ilusionada, la ex gimnasta de rítmica, Tania Lamarca (Vitoria, 1980), presenta Lágrimas por una medalla (Temas de Hoy), un libro escrito con la periodista Cristina Gallo, diez años después de su retirada: "He esperado a poder contarlo sin que me duela".

Tania narra su historia, la de una niña de 14 años que lucha por triunfar en el deporte que le apasiona. Habla de las dietas (equilibradas pero estrictas: "En las gimnasia hay menos anorexia de lo que se piensa"); el férreo entrenamiento; el control de peso diario ("al salir prometí que no me pesaría más"); la competitividad entre compañeras (aunque entre ellas hizo grandes amigas); el abandono de su vida personal; la impersonalidad en el trato, en muchas ocasiones...

Vivimos en una burbuja. Cuando se pincha, caes en un mundo en el que no sabes cómo moverte

Pero todo valía la pena por su sueño. Lo que Tania (excluida con 17 años por pesar 43,7 kg, en vez de los 41 que le exigían) no comprende es la indefensión en que quedan los deportistas cuando dejan la elite: "Vivimos en una burbuja. Cuando se pincha, caes en un mundo en el que no sabes cómo moverte. Eché de menos que me dijeran cómo dirigir mi vida".

Tania afirma que su lucha fue "más fuerte por volver a mi vida real que por la medalla".

Tras leer el libro, en el que Tania ha volcado gran parte de sus diarios, así como las cartas que le enviaba su aita, sus padres lloraron. Ellos, su principal apoyo junto a su sorprendente madurez, "no sabían ni la mitad de las cosas".

Fuerte y luchadora, Lamarca no se arrepiente. De hecho, cuando le da "el bajón", mira su medalla de oro y se siente "satisfecha, me anima".

En las páginas se entrevé una relación de amor/odio entre la gimnasta y su deporte, pero ella asegura que "hay más amor, porque la gimnasia me ha dado mucho y las cosas malas, en general, no han venido de ella".

Leer Lágrimas por una medalla nos hará reflexionar sobre lo que hay tras las medallas. Lágrimas de emoción y trabajo que, al retirarse, pueden convertirse en otras de desesperación.

De niña de oro a los Pirineos

Muchos recordarán a esa niña que en los JJOO de Atlanta 96 rompió a llorar cuando le colgaron la medalla de oro. Era Tania Lamarca, y su imagen dio la vuelta al mundo. Cuando tuvo que dejar la gimnasia, algo más de un año después, por exceso de peso, lo pasó muy mal. Con 18 años tuvo que estudiar con niños de 14, no sabía hacia dónde dirigirse... Ahora vive con su marido en el Pirineo aragonés, relajada, trabajando como técnico deportivo.