Derek Fisher
El jugador Derek Fisher (izq.), de los Jazz de Utah, lucha por el balón con Baron Davis, de los Golden State Warriors. GEORGE FREY/EFE

Derek Fisher se ha convertido en todo un ejemplo de humanidad y profesionalidad en la NBA.

En el segundo encuentro de las semifinales de la Conferencia Oeste fue el gran protagonista, ya que estuvo en la operación de cáncer a que fue sometida su hija de 10 meses, Tatum, en Nueva York, y luego viajó hasta Salt Lake City, al otro extremo del país, para ayudar a su equipo en este encuentro.

En total, recorrió más de 3.500 km. Además, su presencia fue vital para la victoria de los Jazz de Utah sobre los Warriors de Golden State (127-117).

A dos segundos de que terminara el tiempo reglamentario, el base Deron Williams anotó la canasta que forzó la prórroga en la que Fisher aportó cinco puntos y los Jazz de Utah ganaron y dominan 2-0 la serie al mejor de siete partidos. El tercero se jugará el viernes en el Oracle Center de Oakland.

Mi lealtad está siempre y primero con mi familia y mi fe. Llegué al partido porque mi esposa me permitió que las dejase y estuviese con mis compañeros

Fisher, ex jugador de los Warriors, no pudo participar en los tres primeros cuartos del partido por la operación de su hija, pero llegó a la prórroga y se convirtió en el héroe y villano con un triple, y dos tiros de personal que sellaron la victoria.

"Todavía no sé cómo he podido hacerlo, pero no tengo palabras para expresar todo lo que siento por el apoyo recibido", declaró Fisher tras el encuentro. "Es algo increíble y ahora mi hija está también mucho mejor".

Dice que se quedó "sin habla"

"Mi hija está reaccionando muy bien después de la operación que le hicieron esta mañana en Nueva York", ha declarado Fisher. "Nada más salir del avión me vine al campo y senté junto a mis compañeros, todo lo que ha sucedido después me ha dejado sin habla".

Fisher, que ganó tres títulos de liga con Los Angeles Lakers y protagonizó más de un momento estelar y único con canastas decisivas, ha dicho que nunca había sentido las emociones tan fuertes y con tanto valor humano como las de los últimos días.

"Mi lealtad está siempre y primero con mi familia y mi fe", explicó Fisher. "Llegue al partido porque mi esposa me permitió que las dejase y estuviese junto a mis compañeros".

Los Jazz, que habían puesto a Fisher en la lista de activos a pesar que tampoco pudo jugar el primer partido de la eliminatoria, se vieron recompensados con su acción de confianza.

"No tenían que haberme dejado en la lista de activos porque me habían dado permiso, pero es algo que les agradezco porque significa que me tienen en cuenta y de alguna manera también querían estar a mi lado", ha destacó Fisher, quien "todavía no puedo creerme lo que ha sucedido y la respuesta que todo el mundo me ha dado".

Dos responsabilidades bien llevadas

"Después que nos dijeron lo que la enfermedad de mi hija, mi gran interrogante fue de cómo podría superar los dos frentes de responsabilidad", reconoció Fisher. "Creo que la respuesta la tuve esta noche".

Por su parte, el entrenador de los Jazz, Jerry Sloan, reconoció que la presencia de Fisher fue algo muy especial y su aportación decisiva.

"Sé por lo que pasa cuando te enfrentas a la enfermedad de un ser querido y a la vez tienes que responder como profesional", valoró Sloan, que perdió a su mujer por causa del cáncer, pero que siempre estuvo al frente del equipo.

Mientras, los jugadores de los Jazz, encabezados por el alero Carlos Boozer, definieron su presencia como "increíble", porque nadie pensaba no sólo que no estuviese con ellos en el partido sino ni tan siquiera en Salt Lake City.

Fisher les dio esa gran sorpresa, alegría y ayuda, mientras que lo único que le falta a la historia para que tenga un final feliz es que la pequeña Tatum pueda recuperarse por completo de un cáncer que ha sido diagnosticado como muy poco común, pero que le fue descubierto en una etapa muy temprana.