Abajo, con su mujer
Abajo, besando a Lucía, su mujer Agencias

¡Shi-ban-ya! ¡Shi-ban-ya! Rompían el silencio la novia del tirador Jaime Martí (el martes es su turno), la madre de José Luis Abajo, Lola, y sus familiares. El pabellón respondía al grito chino de ¡España, España! con algo de tímidez. En la pista, este chico madrileño de 30 años, Pirri para todos sus amigos, se batía por la medalla de bronce con el húngaro Boczko, un hueso.

A cinco minutos para el comienzo, Lola y Lucía ya no sabían qué hacer. Madre y esposa del primer medallista en la historia de nuestra esgrima se mordían las uñas, gritaban, saltaban y otra vez a la manicura particular. "José Luis es un hijo espléndido, bueno, trabajador y siempre atento para ayudar". Lola no aguantó la tensión y no vio el combate de su hijo: "Nunca los veo, porque me pongo muy nerviosa".

Lucía parecía más nerviosa que su suegra, quizás porque madre sólo hay una. "Estamos muy felices juntos y más ahora con la pequeña Lucía. En los últimos meses, José Luis no ha parado y estoy muy orgullosa de él, gane o pierda".

En el minuto final de la prioridad (algo parecido a una mini-prórroga), con ambos tiradores igualados a siete tocados, la pandilla de José Luis contuvo la respiración. El tocado en el último aliento desató la euforia: gritos, lágrimas y abrazos para todo aquel que anduviese por allí. Pirri estaba radiante: levantó en vilo a Ángel su entrenador, se acordó de su bebé pulgar en boca y luego se fundió con mujer, madre y amigos. "Te lo mereces, tío, qué grande eres tío", le dijeron sus compañeros de equipo.

"La victoria es para toda mi familia, por supuesto, pero sobre todo para Lucía, mi pequeña. Y ahora, ¿cómo le cuento yo esto?".