Anna Corbella es la primera española en cruzar el Atlántico en la Transat 650

  • Fue la primera chica en cruzar la meta (la decimotercera).
  • "En este deporte, la mujer está en igualdad de condiciones".
Corbella, a bordo del barco con el que cruzó sola el océano Atlántico.
Corbella, a bordo del barco con el que cruzó sola el océano Atlántico.
Laura Carrau / FNOB

"Empecé navegando desde muy pequeña. Con 4 años con mis padres. Íbamos a calas en un velerito que tenían". A finales de octubre, Anna Corbella se convirtió en la primera española en participar y acabar la regata Transat 650, una prueba que le llevó a cruzar el océano Atlántico sola desde La Rochelle (Francia) hasta Salvador de Bahía (Brasil).

La barcelonesa, de 33 años, fue la primera chica en llegar a la meta, 13.ª, y superó a sus compañeros españoles chicos del equipo Gaes Solidaria-Fundació per la Navegació Oceànica de Barcelona.

"En este deporte, la mujer está en igualdad de condiciones. Con vientos fuertes, la fuerza no cuenta y hay que usar el ingenio. Con el material adecuado y más medios económicos, una mujer podría ganar, perfectamente, esta regata oceánica", explica Anna.

A ella, la aventura le ha costado "90.000 euros, pero sólo gracias a la ayuda de mi único patrocinador, familiares y amigos. Si no, hubieran sido 150.000".

Alucinaciones a bordo

"Me he encontrado olas de cuatro metros y un tiburoncillo siguiéndome toda una noche. Cuando había luna, podía ver unos torpedos de luz en el agua. ¡Eran delfines!".

Anna dormía entre dos y cinco horas al día, que "me provocaban alucinaciones. Hablaba sola. Veía a gente en el barco o durmiendo a mi lado. Sin embargo, los peores momentos los pasé en los doldrums, las calmas tropicales. Hay nubes gigantes y tormentas violentas. Parece que nunca avanzas y te desesperas".

Después de 8.350 km en 28 días de navegación, Anna sólo tiene un deseo: "Tirarme en una playa a no hacer nada. Sólo comer y dormir".

"Caprichos" en el menú

El menú de una regata transoceánica se limita, casi, a comida liofilizada –deshidratada–, a la que, posteriormente, se le añade agua. Además de estos alimentos, útiles porque se conservan mejor y pesan poco, con lo que no lastran el barco, Anna Corbella se ha llevado "caprichos: diez botes de lentejas, verduras en conserva, jamón, chorizo, y queso. Comiendo bien, me funciona mejor la cabeza".

Anna no ha perdido mucho peso: "sólo dos o tres kilos, pero he comido sin hambre para no desfallecer. Lo que sí me veo es más fuerte de espaldas". En cuanto a la bebida, "he tomado agua con sales minerales y alguna Coca-Cola".

Mostrar comentarios

Códigos Descuento