Saber cómo vivir

Como lo cortés no quita lo valiente, primero lo felicitaré por sus 1.500 programas de Saber vivir, pero acto seguido diré que sólo ya el título me parece tan arrogante y pretencioso como él mismo.

No puedo con esos gestos grandilocuentes de monitor de campamento, con esos mensajes que traslucen una presunta superioridad moral que asquea, con esos consejos que paso a paso están convirtiendo a esta sociedad en un rebaño de cobardes hipocondriacos. La salud es importante, qué duda cabe, pero cuánta salud –cuánta vida– se pierde si estamos todo el día asustados por el colesterol, acongojados por la tensión, atenazados por un pequeño dolor aquí o allá, amenazados por si alguien está fumando a menos de 50 metros de nuestros sanísimos pulmones urbanos. Saber vivir. Vale. Ojalá enseñaran a saber cómo vivir.