Palmeras a la basura

El proceso inmediato es arrancarlas reimplantando otro árbol, que en más de una ocasión volverá a agonizar por los mismos achaques. Si tenemos en cuenta que por cada espécimen apoquinamos alrededor de 1.800 euros al tesoro municipal, la cosa no tiene la menor gracia, incluso resulta un timo, que sumando, sumando, podría acumular un número bastante obeso de palmeras a la basura en el atlas de la ciudad y una cifra indecente de dinero perdido. La culpa puede ser de la empresa botánica, con pocos operarios y excesivo negocio que abarcar, que quizás desatiende sus labores; o de la concejalía del ramo, ocupada en inauguraciones o instantáneas de prensa.

En cualquier caso, la mayoría de estas palmeras encapuchadas, amarillentas, impávidas, como un condenado a muerte, que algún día sirvieron para campañas electorales con canapé de anchoa, ya no podrán madurar en verde y crecer para ondularse. Y nosotros pagando por el crimen.