629 vecinos en la casa de Bernarda

Este periódico preguntó a Núria Espert y Rosa Maria Sardà si se resistían a la tentación –dada su condición de actrices y directoras– de inmiscuirse en la labor de Lluís Pasqual durante los ensayos de La casa de Bernarda Alba. Aseguraron que se mantenían al margen. Sardà matizó: "Es tanto el trabajo que hay en una obra como ésta, que es muy coral...".

En efecto, destaca por ello esta coproducción del Teatro Español y el Teatre Nacional de Catalunya. En momentos se juntan sobre el escenario más de 30 mujeres, entre las 12 del reparto y las 29 que dan vida a las vecinas en el drama de García Lorca. Que en un espacio y tiempo tan limitados eso no resulte un galimatías sólo lo explica un sólido trabajo de dirección.

Paco Azorín, por su parte, sitúa la obra en una blanca estancia de la casa, el contraste perfecto al luto de las mujeres que viste Isidre Prunés. Además, sitúa al espectador a ambos lados de la estancia y logra, así, que el público se convierta en aquel vecindario cuya opinión aterra a Bernarda.

Me consta que el respetable se pone en pie tras cada función, pues tiene a una Bernarda espléndida, Espert, comedida cuando es menester, semivencida pero aún determinada al final del tercer acto hasta poner los pelos de punta. A su lado, Sardà da vida a una Poncia difícilmente superable, creíble, pertinente, como si Lorca le hubiera revelado en persona la esencia de la criada. Cada uno en su casa, y en la de Bernarda, todos.

*La casa de Bernarda Alba que dirige Lluis Pasqual se estrenó en Barcelona el pasado 29 de abril. Se representa en las Naves del Español, Madrid, hasta el 25 de octubre. Del 5 al 15 de noviembre estará en el Piccolo Teatro de Milán.