¡Visca Andorra!

Tras el chiki-chiki me fui a La Noria. El eruptivo Jordi González ejercía de agitador de mesa con el cínico propósito de despellejar el montaje de El Terrat. ¡Qué mala es la envidia, darling! No lo digo por Jordi, que es el mercenario, sino por la cadena que le contrata. Qué rabia ver que tienes un tinglado de triunfitos y que no le puedes dar otra salida que el mercado interno. Qué agonía comprobar que tus polimegatonos han sido aplastados por el "crusaito". Qué pena no haber tenido imaginación para sacar un invento similar. Por tanto, se me abren los glúteos viendo cómo varios especialistas en noticias del corazón y una cantante que sacó cero puntos en el mismo evento invocan "la imagen de España" y cómo se rasgan las vestiduras por el presunto ridículo eurovisivo. ¿Es acaso La Noria la depositaria o la guardiana de la imagen que debe tener este país? Yo no lo creo, darling. Antes lo es Andorra, que para eso nos dio los doce puntos. ¡Visca Andorra!