De las separaciones

Doña Teresa Rivero, presidenta del Rayo Vallecano, ha contratado a Míchel como entrenador de su equipo. El rapsoda de la transmisión futbolística (es una ironía) dejará de hacer fútbol en verso (es una ironía). Colgará el verbo florido (es una ironía) en la puerta del vestuario de Vallecas para enfundarse el glosario directo. Para él, gol será gol y no definición; portería será portería, y no meta; balón será balón; penalti será penalti; y jugada, jugada. Pero ¿qué hará ahora José Ángel de la Casa sin Míchel? La pareja de hecho menos animada de este país se rompe. Han estado tan unidos, tan compenetrados en las transmisiones del fútbol que merecerían una ley Zapatero específica sobre la separación en este tipo de uniones profesionales. «Las parejas artísticas queremos también nuestros derechos», debería rezar una pancarta en la próxima manifestación reivindicativa.