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‘Regreso a Hogwarts’ quiere hablar del fenómeno ‘Harry Potter’, pero lo justo para no incomodar

HBO Max da la bienvenida al nuevo año con toneladas de nostalgia inofensiva.
Rupert Grint, Emma Watson y Daniel Radcliffe en 'Regreso a Hogwarts'
Rupert Grint, Emma Watson y Daniel Radcliffe en 'Regreso a Hogwarts'
HBO Max
Tráiler de 'Harry Potter: Regreso a Hogwarts'

A principios de los 2000, a Harry Potter le tocó alternar en cartelera con El señor de los anillos. Es lo que implica que, dentro de la memoria sentimental de muchos espectadores, ambos fenómenos estén relacionados, y se confundan a la hora de generar un contemporáneo sentido de la maravilla para quienes accedieron a objetos como Star Wars o Indiana Jones con la conciencia de que no habían nacido con ellos en mente. Los millenials pudieron prolongar, entonces, su amor por ambas sagas gracias a las ediciones especiales de sus DVDs. Aunque, en este ámbito, la epopeya de Peter Jackson siempre jugó con ventaja.

El señor de los anillos llegó al mercado doméstico en unos cofres desmedidos que combinaban la etiqueta “versión extendida” con recreaciones de coleccionista de Gollum o Minas Tirith. El atractivo principal de estas ediciones, sin embargo, radicaba en los múltiples discos que no estaban dedicados a las películas en sí, sino a documentales de gran ambición que exploraban la obra de J.R.R. Tolkien y su traslado a la gran pantalla. La duración de este contenido superaba con mucho la de las películas, y saciaba el hambre voraz de aquellos espectadores que, simplemente, querían saber más. Ver El señor de los anillos y su making of formaba parte de una misma experiencia.

Muchos entonces nos preguntamos por qué Harry Potter no contaba con unos documentales tan elaborados, siendo como era un fenómeno de similar alcance que arrasaba igualmente en taquilla y requería un diseño de producción monumental. Claro que los DVDs de la saga tenían contenidos extra y eliminadas, pero su extensión palidecía ante lo visto en los cofres de El señor de los anillos. Por suerte, Regreso a Hogwarts ha llegado para corregir esta desigualdad. Y solo ha tardado veinte años.

Detrás de las risas

HBO Max lleva poco tiempo entre nosotros, pero le ha bastado para especializarse en un artefacto muy rentable: la reunión nostálgica. En el marco estadounidense la plataforma de WarnerMedia ha auspiciado desde el especial de El príncipe de Bel-Air al de El ala oeste de la Casa Blanca, pasando por uno correspondiente a Friends cuya expectación motivó que también se hiciera cargo de él HBO España. El año pasado pudimos ver, así, la tan esperada Friends: The Reunion, topándonos con un artefacto fascinante cuyas consecuencias iban mucho más allá de reparar en el efecto destructor del tiempo.

El evento se levantaba sobre un imposible equilibrio de intérpretes intentando parecer ellos mismos a la vez que seguían en sus personajes, lo que implicaba la pretensión de fingir que existía una amistad real tras las cámaras, y una que estaba encantada de que la examinara James Corden. Puesto que, aun con sus cantidades industriales de cringe e instantes extraños de Matthew Perry, entregaba a los fans exactamente lo que querían (un simulacro de ficción que no era ni un episodio ni un documental, sino todo lo contrario), la recepción fue positiva, y encadenó varios días de regodeo en el recuerdo feliz de la sitcom.

Hay una buena noticia para quienes sintieron una fortísima angustia viendo Friends: The Reunion, y es que Regreso a Hogwarts se parece más a esos documentales elaborados que tanto nos faltaron en los DVDs de la saga que al anterior expolio de HBO Max. Dicho de otro modo, Regreso a Hogwarts es un making of puro y duro: uno tardío, sí, pero que se limita con placidez a indagar en las cuestiones más específicas y a la postre irrelevantes del fenómeno. Claro que es un documental, pero uno apegado a la foto, a lo material. A, en resumidas cuentas, el lanzamiento de anécdotas con las que fortalecer IMDb.

Fotograma de 'Friends: The Reunion'
Fotograma de 'Friends: The Reunion'
HBO Max

Claro, HBO Max no habría podido pasar por lanzamiento apetecible un formato así, de ahí que se haya tenido que forzar la presencia de buena parte del equipo creativo. Una cosa que sorprendió del desarrollo de Regreso a Hogwarts con respecto a la reunión de Friends fue su premura: mientras que la tardanza de esta última celebración se remontaba a la crisis del COVID-19 (culpable de que HBO Max no hubiera podido debutar con el programa bajo el brazo, como era su propósito), Regreso a Hogwarts parecía haber surgido a última hora, como improvisada, hacia el final de los festejos por el 20 aniversario de La piedra filosofal que ya habían deparado los reestrenos y la prensa de rigor.

Estemos hablando de simples estrategias promocionales o no, Regreso a Hogwarts parece hecho con prisas. No hay, como en Friends: The Reunion, un pensamiento claro que articule la experiencia nostálgica (hay que recordar que esta se realizó prácticamente como un late night, lleno de invitados sorpresa y pruebas “graciosas”), sino una abultada recopilación de material de archivo que tiene como guías a los estudiantes retornados. Regreso a Hogwarts empieza, de hecho, con una secuencia en la que varios de ellos reciben la consabida carta y se dirigen a la reunión de antiguos alumnos.

Una vez en el set, el metraje de Regreso a Hogwarts se reparte entre varios grupos que intentan afrontar de forma espontánea las circunstancias. Vemos decenas de abrazos cuidadosamente coreografiados y diálogos forzados, pero la situación no alcanza los niveles histriónicos de Friends: no hay nadie llorando frente a los escenarios, sino que se sientan velozmente y hablan sin excesivo melodramatismo. Hay alguna fuga en dirección a esa vergüenza ajena en la que Friends: The Reunion se revolcaba (la risotada de Daniel Radcliffe cuando Helena Bonham-Carter descubre que estaba colado por ella), y poco más.

Daniel Radcliffe
Daniel Radcliffe
HBO Max

La-Que-No-Debe-Ser-Nombrada

Como making of que es, en Regreso a Hogwarts son habituales los bustos parlantes, que lanzan píldoras de información antes o después de que la cámara regrese a las agrupaciones que hablan “en directo”. A través de estas agrupaciones (el trío protagonista, Tom Felton con otros estudiantes, y las posteriores combinaciones con otros talents) se disparan las anécdotas que profundizan en el rodaje de las películas de Warner Bros. Emma Watson habla de cuando quiso abandonar la saga, Chris Columbus recuerda aquella vez que el difunto Richard Harris pensó que Fawkes era un pájaro de verdad…

Dichas anécdotas son entregadas con aplomo, aunque pueda sentirse extraño cuando, según Watson habla de su casi-salida, Rupert Grint reacciona diciendo “vaya, nunca me habías hablado de eso”. Pequeños gestos teatrales inevitables en el formato, pero cuya suma pugna por hundir a Regreso a Hogwarts en su esencial artificiosidad, y todo es delimitado cuidadosamente como una representación sin contratiempos ni giros que dificulten la catarsis del espectador. Volvemos a lo que comentábamos del making of post-2000: Regreso a Hogwarts no quiere hablar del fenómeno, sino recordar lo bonito que fue.

Es una decisión meditada que sin duda conduce a momentos de genuina belleza (Robbie Coltrane hablando de que aunque él muera Hagrid nunca lo hará, Rupert Grint asociando La orden del fénix a cuando se sacó el carné de conducir), y su intrascendencia es tan buscada que resulta algo absurdo echarle en cara que no diga virtualmente nada sobre el fenómeno Harry Potter. Aunque puede ser criticable echando mano del ejemplo de Friends (que sí que esgrimía esta preocupación), y sobre todo si examinamos Regreso a Hogwarts a nivel conceptual. Es decir, si partimos de los mismos presupuestos de esta reunión.

Emma Watson y Tom Felton
Emma Watson y Tom Felton
HBO Max

Regreso a Hogwarts quiere ser una celebración y ofrecerle a los fans la oportunidad de bañarse en sus recuerdos, a la vez que reivindica la grandeza de estos recuerdos. Para ello podría haberse limitado al documental puro, pero en el momento que decide echar mano de los protagonistas se empiezan a percibir la impostura. Porque sí, hay que hablar de J.K. Rowling. La autora de los libros originales aparece en Regreso a Hogwarts, pero a partir de imágenes de archivo grabadas en 2019. Lo que provoca que, cada vez que irrumpe alguna declaración suya, el especial adopte un peculiar tono fantasmagórico.

No corresponde aquí profundizar en las razones por las que J.K. Rowling es hoy una figura incómoda para Warner, pero lo cierto es que su ausencia empuja a Regreso a Hogwarts a una tesitura muy desconcertante. Es cierto que el documental se centra en las películas y no los libros, pero Rowling (o ‘Jo’, como la llaman los invitados) siempre fue una presencia básica en la explotación cinematográfica de su obra, en tanto a productora y posteriormente guionista de Animales fantásticos. Spin-off del cual, por cierto y aunque esté David Yates, apenas se menciona nada.

La idea de introducir aún así esos vídeos de archivo amplifica la sensación de que ha sido un asunto complejo para Warner, aunque la versión oficial sea que Rowling no quiso formar parte del proyecto. No hay que olvidar, tampoco, que al hilo de Hogwarts Legacy (esperado videojuego que sale a la venta este año), el estudio ha insistido por activa y por pasiva en que Rowling ha tenido un papel testimonial en el desarrollo de la obra. Hay, pues, un esfuerzo de marcar distancia que respalda Regreso a Hogwarts, y que acaba por afectar a su visionado.

J.K. Rowling
J.K. Rowling

La alineación de Rowling con posturas transexcluyentes, de las que ha hablado en varias ocasiones por redes sociales, ha provocado un extrañamiento considerable por parte de su fandom, y una controversia mantenida en el tiempo que Regreso a Hogwarts nutre por omisión. Se entiende así, quizá, que el especial desarrollado por Casey Patterson Entertainment haya optado por no mirar al elefante en la habitación y aborde Harry Potter desde la mera producción cinematográfica, centrándose en anécdotas de rodaje y reflexiones ligerísimas que dan la espalda a la importancia cultural del Niño Mago.

¿Cuál es el problema, entonces? Que hacia el final del documental los invitados no pueden evitar hablar de valores que van más allá de la obra en sí, tratando de averiguar sucintamente por qué Harry Potter ha triunfado como ha triunfado. Es entonces cuando se recurre a las fórmulas de rigor: Harry Potter es un lugar seguro. Harry Potter nos anima a ser nosotros mismos. Harry Potter ofrece un refugio para quien se sienta discriminado, defendiendo la justicia social. Evidentemente, colocar aquí a Rowling habría destruido, para un sector de la audiencia que parece preocupar a Warner, toda la credibilidad del formato.

Chris Columbus y Daniel Radcliffe
Chris Columbus y Daniel Radcliffe
Warner Bros.

Que, en cualquier caso, no es que sea mucha. Finalmente, Regreso a Hogwarts sí que dice algo sobre el fenómeno, aunque lo diga de forma involuntaria y a base de mirar para otro lado. Y esto es que Harry Potter es un fenómeno mutilado, epicentro de unos conflictos incontrolables que ni la nostalgia más acrítica (en caso de que esta exista) puede disimular. Por ello tantos lectores y espectadores han decidido distanciarse o expresar su cariño de otra forma, y por eso a veces cuesta calibrar a quién va dirigido el especial.

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