¡Ay, los funcionarios!

Respondiendo a Patricia Montero, coincido con su argumentación en defensa de los buenos funcionarios. Pero de repente, ¡ay!, en el último párrafo asoma un plumero sospechoso: "yo tengo mi trabajo porque me he tirado muchos años estudiando". No, señora. A usted le pagamos una nómina para que preste servicio a la sociedad. Aprobar una oposición únicamente le dio acceso a ese puesto.

Hay excelentes profesionales en la Administración Pública, pero no me negará que se codean con bastantes incompetentes. No se compare usted con los telepredicadores de la prensa rosa. Eso es trivial: ellos son una minoría (comparado con el 20% de población activa que son funcionarios, ¡uno de cada cinco!) y además nosotros no les pagamos su sueldo (bueno, a los de la tele pública sí se lo pagamos en parte). Compárese usted con los empleados de cualquier empresa, donde si alguien no cumple verá peligrar su puesto. La casta funcionarial no tiene ese acicate, y así nos va.