El gozo del arquero

El placer intrínseco a la reproducción sexual puede ser uno de los hechos que paradójicamente ha causado mayor sufrimiento al género humano a lo largo de su historia, debido al equivocado concepto que de él se ha tenido y al mal uso y abuso que de él se ha efectuado.

Las enfermedades venéreas como la sífilis, la gonorrea o el sida, la prostitución femenina y masculina, la pederastia, la violación de mujeres, hombres, niñas y niños, el rapto y la esclavitud sexual, los embarazos no deseados, el aborto, la represión y la violencia de género, el acoso en el ámbito laboral, el estupor, los crímenes cometidos por celos, venganzas e intrigas, el adulterio, el abandono del hogar y otros acontecimientos de no menor importancia como fueron el «derecho de pernada», la persecución a muerte de homosexuales, o el bestialismo son algunos de los hechos que lo certifican.

La falta de autocontrol, la inmadurez personal o una conducta imprudente o irresponsable del arquero puede acarrear graves consecuencias si ignora la razón de su acto. Y es que el objetivo gozoso del arquero no es liberar la tensión de la cuerda, sino alcanzar el destino de la flecha.

Dado que sin la atracción sexual es muy posible que la humanidad hubiese puesto en peligro la continuidad de su propia especie, sería necesaria y hubiera sido providencial una mejor educación acerca de la sexualidad.

La mayor parte de las comunidades religiosas de diferentes culturas y lugares, así como los buscadores de una realización trascendental de la conciencia, sostienen que el anhelo de satisfacción del auténtico gozo en el ser humano es de índole superior, dada nuestra naturaleza espiritual, y por ello el placer físico se muestra incapaz de suplir en ningún caso.

Monjes, místicos y ascetas aseguran que liberarse de la satisfacción sensorial a través de la sublimación del deseo, el desapego y la renuncia -en que el celibato no sería una prevención impuesta de manera represiva, sino una opción de desarrollo espiritual- es imprescindible si se quiere lograr la quietud mental necesaria para acceder al gozo de la supraconsciencia, verdadera meta del arquero Zen.