Las injusticias de la grúa

Iba a recoger a mi abuela a su casa, en la Cruz Cubierta, y dejé mi coche con las luces de emergencia en un lugar en el que se puede dejar un momento al haber raya discontinua. Cuál fue mi sorpresa, que cuando bajaba con mi abuela del brazo, la grúa se estaba llevando mi coche. Intenté explicarle al hombre que había venido a recoger a una persona mayor, pero ni aún así quería desenganchar mi coche.

Tuve que pagar al final, tras una larga discusión, 34 euros para que dejara mi vehículo donde estaba. La grúa sólo está cuando uno no la necesita. Hace un mes tuve que esperarla durante más de 35 minutos para que retirara un coche que realmente molestaba en la calle Bailén. ¡Qué injusta es la vida, digo la grúa!

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