Supongamos que te maltratan

Supongamos que una señora que trabaja en una empresa de Llodio, subvencionada en parte con dinero público, es contratada para ocuparse durante unas horas de una mujer de casi ochenta años que vive en Amurrio.
La anciana está indefensa. Su movilidad es escasa y torpe y ni siquiera es capaz de andar. No reconoce apenas a sus hijos y no puede llevar una conversación, debido a lo avanzado de su enfermedad.

Hace un mes, una hermana de la enferma vino a pasar unos días con ella y descubrió que la señora que la cuidaba le estaba pegando. Puestos a suponer, pensamos que no es la primera vez.

Ahora supongamos que no bromeo y que hablamos de mi madre. Y, por desgracia, supongamos, por último, que esta señora continuará cuidando a otros ancianos en Amurrio.

Supongamos un final feliz para esta historia: que esta señora quede inhabilitada para poder ocuparse de personas dependientes. Y puestos a pedir finales felices, supongamos que Bienestar Social de Amurrio tomase medidas en el asunto.