Sé mandar un correo

Estoy anticuada.  Me he dado cuenta hace unos días, cuando descubrí que se necesita Internet, servicio que no es gratuito, para saber si se ha sido admitido en una universidad o matricularse en ella. Yo esperaba que me enviasen una carta confirmando mi admisión. ¡Qué malestar general sentí cuando, harta de esperar al cartero, una voz telefónica me informó de que existe algo llamado Internet donde «cuelgan» toda la información, y me expuso mi situación de desinformada y rezagada, pues el plazo de inscripción terminaba un día antes de esta conversación. Por eso, me encuentro ante un ordenador en una biblioteca, donde llevo tres días autoimpartiéndome un cursillo acelerado. Y ya sé mandar un correo.