Una amable señora me pagó el billete

Hace dos días, me vi beneficiado por la amable actitud de una persona, y me gustaría contarlo. La cuestión es que subí al autobús y cuando fui a utilizar mi tarjeta, la máquina me contestó que ya no tenía saldo. Entre tanto, el bus echó a andar, es decir, ya no podía bajarme. Eché mano al bolsillo para comprar el billete, pero suelto apenas tenía unos 20 céntimos y sólo llevaba un par de billetes de 50 euros.

Un revisor que se encontraba junto al conductor me dijo que sólo se podía dar cambio, como máximo, de billetes de 20 euros. En la próxima parada me podrían cambiar.

Mientras me resignaba ante el contratiempo, una señora que estaba detrás de mí, y que se había percatado de mi problema, dijo, dirigiéndose al revisor, «yo le pago el billete», y me prestó los 80 céntimos. Gracias de nuevo a la amable señora. Esos pequeños gestos valen mucho, aunque fueran sólo 80 céntimos.