Los choques entre la policía y los indígenas peruanos son los peores disturbios vistos en el actual mandato del presidente Alan García y han aumentado la presión sobre su Gobierno.
El jefe del Estado Mayor de la Policía Nacional, general Martín Hidalgo, dijo que la operación de rescate realizada en la localidad amazónica de Bagua estuvo a cargo de un grupo combinado de la policía y del Ejército, donde murieron nueve policías, mientras que siete permanecían desaparecidos.
Hidalgo no precisó si había indígenas muertos.
'El contricante es un oponente que ha tenido preparación militar', señaló Hidalgo.
Mientras, nativos del Amazonas, que buscan que el Gobierno derogue leyes que afirman vulneran sus territorios, permanecían en pie de guerra bloqueando unos 10 kilómetros de la carretera de la localidad de Yurimaguas, en la región de Loreto.
Vestidos con túnicas marrones y portando lanzas, miles de indígenas estaban apostados en la carretera, con algunas mujeres y niños dispuestos a enfrentarse con las fuerzas de seguridad para evitar que esta principal vía sea despejada.
'Nosotros tenemos armas originarias que nuestros padres nos han dejado como herencia para la defensa. Estas son lanzas, no tenemos armas de fuego', dijo el dirigente de la etnia shawi, Luis Huansi.
Alrededor de 8.500 indígenas, la mayoría hombres y algunos jóvenes, durmieron a un lado de la carretera y junto a las montañas en carpas artesanales armadas con palos, telas y plásticos.
CONTRA UNAS LEYES
Los grupos indígenas, ante el temor de perder el control sobre los recursos naturales, llevan protestando desde abril para obligar al Congreso a derogar varias leyes aprobadas por el Gobierno el año pasado, dirigidas a incentivar la inversión privada en zonas ricas en petróleo y gas.
La policía también informó el sábado de que recuperó una estación petrolera de la estatal Petroperú en Bagua, que habían tomado los indígenas y que amenazaron con incediar en demanda de que el Gobierno cese sus operativos para despejar semanas de bloqueos a carreteras y ríos, que han afectado los suministros de alimentos y combustibles.
La violencia se inició el viernes, cuando la policía intentaba dispersar un bloqueo en el estrecho camino llamado 'Curva del Diablo' de la localidad de Bagua Grande, unos 1.400 kilómetros al norte de Lima.
Los líderes indígenas hablaban de al menos 22 manifestantes muertos antes de la operación policial. El Gobierno notificó el fallecimiento de tres manifestantes y 11 agentes. Al menos 100 personas resultaron heridas y parecía que los choques continuarían.
La violencia, que provocó llamamientos a la dimisión de Simon y de la ministra del Interior, destacó las profundas divisiones sociales en Perú entre la elite adinerada de Lima y los grupos indígenas pobres que viven en las zonas rurales. También expuso la falta de control del Gobierno central sobre las regiones más remotas del país.
'Yo quiero responsabilizar al Gobierno del presidente Alan García por ordenar el genocidio', expresó el líder indígena Alberto Pizango a periodistas en Lima.
García, cuyos índices de aprobación llegan al 30 por ciento, no posee un apoyo masivo en las áreas rurales, especialmente en el Amazonas.

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