Eso es lo que hicieron cuando cuatro años después, el pasado mes de mayo, les dijeron que al pequeño, ya con 8 años, le quedaban apenas semanas de vida. "Cuando lo supimos intentamos hacer con él absolutamente todo lo que pudimos".
Sus padres le ayudaron, organizaron una fiesta pirata y ella acudió. Después continuaron viéndose. Y en uno de estos encuentros, cargado con una pistola láser de juguete, decidió declararse y pedirle su mano. Ella aceptó. Los padres de ambos bendijeron su unión y organizaron la celebración.
Tal como cuenta el Telegraph, hubo anillos, púlpito, certificado, paseo en limusina y cena. No tiene ningún valor legal, pero fue una boda a la medida de sus contrayentes. El 4 de julio se casaron. El día 5, Reece murió en casa junto a sus padres. Su madre recuerda lo que le dijo tras cumplir su deseo: "Ahora puedo irme".



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