Una especie venenosa de sapo, el sapo de la caña (Bufo marinus), es la responsable del declive de buena parte de la fauna autóctona australiana, entre ella, del cocodrilo australiano de agua dulce.
Esta especie, de la que se han censado alrededor de 100.000 individuos en todo el continente, está cayendo a un ritmo de 600 por año debido a la mala digestión que hacen de un anfibio venenoso.
Los datos los ha proporcionado el eminente biólogo de la Universidad de Sidney Mike Letnic, y han sido recogidos por el periódico británico The Guardian.
En dos años desde 2006, la población de esta especie de cocodrilos, que habita en la zona más caliente y tropical al norte del país, se ha reducido en más de 1.000 ejemplares. "Aparecían flotando en el agua", dice el biólogo, "tras haberse comido a los anfibios".
Los sapos venenosos fueron introducidos en Australia, al igual que sucedió con muchas otras especies, para combatir la plaga de cucarachas que asoló los cultivos de caña de azúcar en 1932.
Su capacidad de reproducción es extraordinaria y han desequilibrado el ecosistema nativo de forma asombrosa. En la actualidad se calcula que existen 10 sapos por cada uno de los habitantes del continente.


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