Dentro, y tras franquear hasta tres controles que no comprobaban más que la entrada o la pulsera de turno, el paisaje no cambiaba demasiado. Vasos, platos y demás por el suelo, grandes carpas abarrotadas y dos escenarios con espectadores entregados. Hacerse con algo de beber era fácil y caro –8 euros el mini de cerveza–, y comer, una misión imposible. Hasta seis filas de personas se agolpaban en ciertos momentos en la única barra con bocadillos y similares. Previo pago en la otra punta del recinto, claro.
El merchandising no triunfaba demasiado y las escasas sillas dispuestas eran el bien más preciado junto con un hueco de suelo seco. Algunos paraguas asomaban por bolsillos traseros, pero la lluvia respetó hasta que dio comienzo la última actuación de una jornada que se inició con suculentos aperitivos para hacer hambre, como los conciertos de Serj Tankian, Nothink, Cavalera –no "calavera"- Conspiracy o el fuera de sí Iggy (Pop) con los Stooges. Su melena rubia, sus grititos y sus saltos desmesurados no decepcionaron.
Tom Morello celebró su cumpleaños tocando
Todos ellos sirvieron para calentar el ambiente de cara a una de las esperadísimas apariciones de la noche, la de The Offspring. Pero los de California no tenían su día. Dos veces pararon el show de una hora, una en la quinta canción, por problemas, se intuía, que de sonido. La voz de Dexter Holland funcionó a ratos, aunque, y a pesar de ceñirse a tres álbumes con una predilección por Smash –su mejor trabajo–, consiguieron hacer botar de lo lindo al respetable, que asaltó las gradas reservadas para la prensa.
Tom Morello, que cumplía años precisamente el viernes, ofreció un verdadero recital con su guitarra y fue muy aplaudido por la concurrencia. De la Rocha se desvivió, como siempre, e hizo que todos se contagiaran de su entusiasmo. Hicieron tres bises. Su actuación casi se solapó con la de Queens of the Stone Age, a unos metros de distancia. Los otros californianos vieron cómo el aforo se reducía por momentos a eso de las 2.30 horas, y es que su saturado sonido no ayudaba mucho. Cosas de tocar bajo techo.
El sábado le tocó el turno a los cabezas de cartel, Metallica, precedidos de Queensrýche, Within Tempation o Machine Head, entre otros. Como era de esperar, los de James Hetfield triunfaron casi sin apenas empezar la velada, y eso a pesar del tiempo, que enseñó su peor cara. Hasta fuera del auditorio se respiraba metal, y las dos horas que el grupo estadounidense empleó en dar lo mejor de sí fueron seguramente irrepetibles para los asistentes. Habrá que esperar otro año para sacar los cuernos, si se puede, al sol.




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