«Es un lugar tranquilo pero sin servicios»

  • Los vecinos piden más regularidad en el servicio de autobuses.
  • Los jóvenes solicitan más lugares de ocio y bares.
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El que llega a Casillas no sabe bien si ha llegado o está en otra pedanía. No se caracteriza por sus monumentos, ni por sus empresas, ni por sus comunicaciones. Eso sí, todos los vecinos coinciden en que allí reina la tranquilidad.«Por la noche puedes salir tranquilo, porque no hay peligro como en otras partes de Murcia. En verano la gente se queda en la plaza hablando hasta la madrugada», cuenta Isidro Manuel Máiquez.
Más autobuses

Eso no significa que los vecinos se olviden de la falta de servicios en la pedanía. «Los fines de semana no hay autobuses para el casco urbano de Murcia y, cuando los hay, pasan cada media hora», cuenta Jessica Zamora, que insiste en que hacen falta más lugares de ocio para los jóvenes de la pedanía.

«Casillas está muy bien, porque es pequeña y tiene de todo. Me quiero venir a vivir aquí», dice Elisabeth Ramírez, dependiente de una frutería. Y es que «el futuro de la pedanía es el residencial, por la cercanía con Murcia y por poder vivir rodeado de huerta», asegura Serafín Muñoz, alcalde pedáneo.

Todavía más cuando la empresa emblemática de la pedanía, Zumos Rostoy, no pasa por sus mejores momentos y sus obreros no cobran la nómina desde el pasado mes de febrero.

Aún así, el alcalde pedáneo de Casillas destaca cómo se están incorporando nuevas infraestructuras como «la construcción de un nuevo pabellón cubierto, mejora del alumbrado público de la pedanía y la colocación de un belén móvil con más de 700 figuras en un local, para que pueda ser visitado a lo largo de todo el año».

Pero hay un problema que persiste. El día después de las fiestas de Casillas, a finales de agosto, «vienen jóvenes de otras pedanías y tiran carretillas dañando las fachadas y prendiendo fuego a los contenedores», cuenta Mari Carmen Liza. «Lo peor es que son de fuera, pero la mala fama y los daños se quedan en Casillas», concluye.

Una pedanía de 31 años

El 9 de marzo de 1977 se hizo realidad el deseo de la mayoría de los vecinos de Casillas. Ese día, tuvo lugar la segregación de Casillas de Puente Tocinos para convertirse en una pedanía de Murcia. Desde entonces Casillas o Ermita de Buendía, como era conocida hasta hace pocos años, se ha ido desarrollando como una zona residencial de la capital murciana. «A los vecinos de siempre se están sumando muchos jóvenes que trabajan en la ciudad como funcionarios y que vienen aquí porque es más tranquilo», cuenta Serafín Muñoz, alcalde pedáneo de Casillas (PP).

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