Y es que Francisco ya no necesita ni pasarse por las gasolineras. Sus amigos y vecinos le llevan el aceite que ya no sirve para cocinar, éste lo filtra y lo mete directamente en el depósito. Asegura que el rendimiento del vehículo es exactamente el mismo con este biocombustible, si no mejor.
El método para trucar su coche lo encontró en Internet: "Sólo hay que cambiar unas pocas piezas", indica. Además, sostiene que este sistema ofrece muchas ventajas: es más limpio que los carburantes convencionales (el aceite vegetal no contiene azufre) y notablemente más barato. Los únicos defectos, según dice, son que hay que buscarse la vida para conseguir un abastecimiento regular de aceite usado y que "el tubo de escape huele siempre a fritanga".
Francisco está a favor de que cada vez más ciudadanos opten por esta forma de "autoabastecimiento" energético, que según dice ya es habitual en el mundo agrícola de Austria y Alemania. Anima además a cualquiera que tenga un diésel a que haga la prueba y "eche un 30% de aceite de girasol en el depósito".


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