La campaña de mensajería fue lanzada por un colectivo de opositores a la instalación de la planta de paraxileno, que temen el impacto medioambiental de la fábrica y sus consecuencias para las salud de trabajadores y habitantes de la zona.
El gobierno anunció en boca de su primer teniente de alcalde, Ding Guoyan, la suspensión del proyecto, valorado en 1.400 millones de dólares (alrededor de 1.000 millones de euros), impulsado por un grupo taiwanés y que tenía previsto producir 800.000 toneladas anuales de paraxileno.
Un producto cancerígeno
Los mensajes de protesta alertaron de que la planta, ya en proceso de construcción, constituye "una bomba atómica en potencia", en cuanto que está situada a tan sólo siete kilómetros del centro de Xiamen, cerca de áreas residenciales y escolares.
Ya el pasado mes de marzo, 105 asesores de la Asamblea Nacional Popular (que representa el Poder Legislativo en China) habían advertido de los riesgos de este proyecto durante una sesión parlamentaria sostenida en Pekín.
La contaminación ahoga al gigante
La contaminación derivada del acelerado desarrollo industrial se ha convertido en uno de los grandes problemas de China, con serias consecuencias para la salud de sus habitantes y para el medioambiente.
Esta polución, y la exposición de los alimentos a productos químicos han elevado la incidencia del cáncer entre los chinos en los últimos años: el 70% de los ríos y el 90% de las aguas subterráneas del país están contaminadas, según las estadísticas del Gobierno.




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