La decisión de la pequeña república báltica de retirar el mes pasado un monumento al Ejército Rojo del centro de su capital, Tallin, ha enfurecido al Kremlin y desató episodios violentos en disturbios provocados por ciudadanos de origen ruso.
Sin nombrarlo, Putin hizo una clara referencia a lo ocurrido en un país ahora integrado en la Unión Europea.
'Aquellos que hoy tratan de quitar importancia a esta experiencia inestimable, aquellos que profanan monumentos a los héroes de guerra, están insultando a su propia gente (y) sembrando la discordia y una nueva desconfianza entre los estados y los pueblos', declaró.
Putin felicitó a los veteranos a la sombra de los muros del Kremlin antes de hacer un corto discurso dedicado a los millones de rusos que murieron en la Segunda Guerra Mundial.
El Kremlin ha intentado impulsar el recuerdo de una guerra que en Rusia se conoce como la Gran Guerra Patriótica para fomentar la unidad tras los cambios y el resentimiento que siguió a la caída de la Unión Soviética.
En Bielorrusia, donde murieron uno de cada cuatro ciudadanos, el presidente Alexander Lukashenko denunció a Estonia y criticó a Polonia por no reabrir una exhibición en la que se homenajean a las víctimas rusas del campo de concentración de Auschwitz.
'Los actos de burla de los héroes y de las víctimas de guerra dan lugar a la ira y a la indignación', manifestó Lukashenko ante los veteranos en el centro de la capital, Minsk.
Lukashenko, acusado en Occidente de aplastar los derechos humanos, acusó de refilón a los países occidentales de 'utilizar la guerra como un instrumento de política exterior', citando las intervenciones de la OTAN en Afganistán y la antigua Yugoslavia.
Los canales de la televisión rusa dieron en directo el desfile en Moscú, en el que participaron aviones de combate y hubo una revisión de las tropas por parte del ministro de Defensa, Anatoly Serdyukov, que recorrió la Plaza Roja en una limusina soviética abierta ZiL.
La mayoría de los rusos cree que la Unión Soviética liberó a Europa del Este del fascismo, pero los antiguos satélites de Moscú consideran al Ejército Rojo como una fuerza de ocupación que aplastó su independencia.
Estonia, que con las otras dos repúblicas bálticas fue anexionada por Moscú en 1940, se ha enfrentado a una oleada de críticas de políticos rusos por retirar la estatua de un soldado del Ejército Rojo. Polonia, por su parte, ha decidido arrinconar una ley que le permitiría retirar monumentos similares.
Varios partidos rusos y el Parlamento han pedido al presidente Putin que imponga sanciones a Estonia. Entre las medidas propuestas están interrumpir el envío de suministros energéticos a través de la república báltica, boicotear sus productos y cortar las relaciones diplomáticas.
/Por Guy Faulconbridge/


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