Como el resto de los nuevos túneles de la M-30, el soterramiento bajo el Manzanares en sentido sur, inaugurado el viernes, nace prematuro.
Las obras en el arranque del subterráneo, en San Pol de Mar, obligan a pasar de tres a dos carriles y generan atascos que ayer a las 12.30 horas sumaban un kilómetro.
En el resto del túnel, las entradas y salidas se ven dificultadas, cuando no cerradas, por los trabajos sin terminar.
Las obras, a examen
Funcionalidad: Ninguna. El mismo tráfico que discurría antes en superficie lo hace ahora bajo tierra. Como en la A-5, ganan los vecinos, que disfrutarán del cauce del río ajardinado y sin vehículos.
Señalización: En el inicio del subterráno aún hay muchas señales de obra que llevan a la confusión; en el resto, correctas. No hay posibilidades de confusión, aunque a veces hay que cambiar de carril sin suficiente antelación.
Finalización: Deficiente. No está ni de lejos acabado. Aún hay muchos operarios dentro del túnel, terminando accesos y desvíos. Falta el nudo con la A-42.


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